The Room (2003)

Hace algunos años un conocido, con quien comparto amor por el séptimo arte, me lanzó un desafío: hacer una reseña sobre la archifamosa The Room, considerada la peor película de la historia. Al principio dije que no, y luego dije que sí. De manera particular, las películas mal hechas no me llaman la atención (pero tienen una caterva de seguidores); pero luego de sopesar la invitación del colega, pues me puse manos a la obra, e hice la mentada reseña sobre este film del que mucha gente habla, pero que pocos han visto. Para lograr mi cometido traté de armarme de paciencia e informarme: vi la película de James Franco sobre The Room ( su película se llama The Disaster Artist); leí el libro de Greg Sestero, amigo del alma mater de The Room y actor del film (su libro se llama The Disaster Artist, la película de Franco está basada en ese libro) y finalmente, y ya preparada, me vi The Room.

Pero mejor vuelvo un poco hacia atrás y les cuento el proceso de cómo logré escribir esta reseña. Por eso, empezaré por la película de Franco, ya que sobre The Room, en sí misma, hay muy poco que comentar.
James Franco es un hombre talentosísimo, multifacético y algunas veces arriesgado. Secundado por escándalos y por denuncias varias, su carrera siempre parece al borde del precipicio. A Franco lo pongo en la misma línea que Ben Affleck: ambos tienen enorme talento como directores, productores, guionistas; y poco talento pero mucho oficio para actuar. Y al igual que Ben Affleck, Franco ha mostrado mucho tino y mucho sentido común para con aquello que decide actuar. Y la película The Disaster Artist lo demuestra.
En la película, que detalla los entretelones de la filmación y de cómo se gestó The Room, Franco y su hermano Dave Franco (en la piel del ambiguo Greg Sestero) se lucen en paso de comedia. La película es logradísima, muy entretenida y con mucha frescura; la vi como diez veces, y cada vez me resulta mejor.
Una particularidad de la película es que el elenco es de primerísimo nivel: Melanie Griffith, Zac Efron, Bob Odenkirk, Sharon Stone, los ya nombrados James y Dave Franco; y muchos otros haciendo cameos y actuando como sí mismos (Bryan Cranston, por ejemplo) o en cameos auto referenciales (los mismísimos Greg Sestero y Tommy Wiseau).

De Greg Sestero ya les conté un poco. Pero aún no les dije nada de Tommy Wiseau. 
Tommy Wiseau, Tommy Wiseau. 
Ustedes se estarán preguntando quién es Tommy Wiseau. 
Pues es el señor que engendró The Room.

Pero mejor les sigo contando. Como ya les anticipé, la película de Franco está basada en el libro The Disaster Artist de Greg Sestero. El libro me aburrió, pero nada malo hay en ello, pues muchos libros me aburren. Mucho del libro se pierde en desentrañar el país de nacimiento y la fortuna de Tommy Wiseau -el multitask del engendro -; y creo que a los lectores eso no les interesa. O sí, qué se yo.

Pero vayamos a los papeles: para quién no conoce la trama de la película y la trastienda de The Room, les cuento en pocas líneas: en los 2000 un excéntrico artista (¿artista?) de misterioso origen y de nombre Tommy Wiseau se despierta un día y decide filmar su propia película (y gastar 6 millones de dólares en ella) siendo él mismo director, productor, guionista y actor. Lo secunda su amigo casi adolescente Greg Sestero (un muchacho que al 2026 ya es casi cincuentón, pero que sigue con enterna languidez adolescente). Una curiosidad: Sestero se presenta a sí mismo como modelo, escritor, guionista, director y actor. 
Y le creo, porque soy una creyente.

Sin desmedro de lo anteriormente dicho, paso a la película de marras, la ya multi mencionada The Room
Confieso que leí algunas reseñas sobre esa película antes de escribir mi propia reseña.
Y noté que los reseñadores gastaron muchos párrafos en describir un guión que no existe como tal.
¿ Quién puede decir que Wiseau escribió un guión... ? La película no tiene guión, no tiene argumento; la película no tiene pies ni cabeza; la película no tiene costados, ni laterales, ni abismos, ni paraísos. La película es un cúmulo de inconexiones, es un rejunte de escenas que parecen filmadas para películas diferentes y luego mal pegadas. Como una suerte de Frankenstein: un pastiche.
Al momento de filmar The Room Tommy Wiseau nunca había filmado nada (al punto que trabajó con dos procesos de filmación distintos), no sabía dónde estaba parado, hablaba muy mal inglés, no tenía conciencia de lo que estaba haciendo, ni cómo lo estaba haciendo, ni qué recórcholis creía que podía hacer. Lo único concreto en la vida de Wiseau es que es, o fue, un hombre con dinero, mucho, mucho, muchísimo dinero, y como todo ser humano con mucho dinero para gastar, y encima caprichoso a la hora de gastar el dinero, pues filmó una película toda suya. Puede decirse que The Room es sólo y únicamente hija de este hombre.
Así las cosas, cuando filmó salió lo que salió: la nada misma.

Igualmente, el tiempo y las circunstancias hicieron que Wiseau hoy día sea una especie de ídolo, fetiche y mito viviente. Su película tiene muchísimo éxito en cineclubs, en salas de cine alternativo y en festivales de películas retro. 
Con respecto a la dirección y la actuación: otra nada misma. No hay dirección -de nada-; y no hay actuación -tampoco de nada-. The Room vendría a ser como la física cuántica: el estudio de partículas que no existen pero se pueden medir y catalogar.

Para terminar, ¿dónde se puede ver The Room? 
Prueben en plataformas, o algún cine club. 





Changing Lines (2003)

Ben Affleck es como los vinos, a medida que envejece, está mejor. Y es como Carlos Gardel: su halo mítico se agiganta con el tiempo. 

Este muchacho, que es muy talentoso y muy inteligente, ha tenido un enorme salto de calidad en casi todo lo que hace, sobre todo, cuando empezó a priorizar calidad sobre cantidad.
En sus comienzos, solo hacía muecas seductoras en películas de carilindo.
Luego llegó aquel Oscar junto a Matt Damon como guionista. Ambos muy jóvenes.
Después llegaría la consagración y el prestigio: sus películas como director, guionista y productor; y también actuando. Casi siempre y casi todo superlativo.

El año 2002 fue un año bisagra para Affleck en la transición de chico divino a adulto pensante. Ya no podía ocultar que andaba tratando de despojarse de los roles de divo y estrella. Venía de actuar malamente en Pearl Harbor (un horror...) y venía de otras películas livianas y mediocres que no agregaban nada a su curriculum.
Por eso, y en ese mismo 2002, aceptó el reto del británico Roger Michel - el mismo de Nothing Hill - y se puso a actuar en serio y a ponerse el traje de actor y actuar bien y no pasarse de la raya.
Este muchacho, Affleck, no es buen actor, al menos no a la altura de un Marlon Brando, un Daniel Day Lewis o un Jesse Plemons. Sin embargo, si un director de fuste lo agarra y lo exige, saca algo muy bueno de él.
Y es lo que pasó acá.

Del desarrollo de la película (que se puede ver en plataformas) no quiero decir mucho, pero igual les doy algunos indicios. Un abogado rico pero insatisfecho choca con el auto contra un alcohólico en recuperación. Y trácate: los papeles que llevan se mezclan, y los documentos de uno de ellos quedan en poder del otro y viceversa. Uno de los dos llega tarde para pedir custodia compartida de sus hijos... y se pudre todo. Mal, muy mal. Para peor, en vez de pedirse perdón mutuamente se enredan en una guerra campal con consecuencias impredecibles.

Es un gran guion, muy bien estructurado y con vueltas de tuerca bastante buenas. Y los actores que acompañan al gran Ben son fenomenales: una Toni Colette impecable (sin sobre actuar); y Samuel J. Jackson cumple, como siempre.





Pieces of April (2003)

Katie Holmes tiene un karma, o doble karma, que no la deja en paz: el primero, que se la recuerde por Dawson's Creek - el show para adolescentes que fue furor en los '90; y el segundo, que se la asocie como la ex de Tom Cruise. Y casi nada mas.

Pero, en ese casi nada más, hay muchísimo. Excelente, diría.
Holmes es una gran actriz, pero lamentablemente algunas malas elecciones en su carrera (vital para un actor elegir bien qué debe hacer y qué no) no han sido felices ni oportunas. Pero bueno, errores tenemos todos.

En 2003 el ya famoso escritor, dramaturgo, director y productor Peter Hedges ( consagradísimo por Quién Ama a Gilbert Grape, entre otras cosas) la convocó para una película de bajo presupuesto: 300 mil dólares para pagar toda la producción de un film en locación real, con gente común de extra, cámara en mano - u hombro - y un libreto delicioso. El libreto de la película es magistral y guarda una similitud con el de la novela-película de Hedges Quién Ama....: los temores a crecer, tomar responsabilidades, madurar, amar y abrirse al mundo. Hedges, como ya comenté, suele ser director-guionista-productor de sus películas. Y también escribe obras de teatro, ensayos, novelas, libretos para terceros. Es decir, un gran talento.

No deseo adelantar mucho del film, sobre todo por aquellos que quizás deseen ver la película por alguna de las plataformas que la ofrecen. Pero puedo decir que los días de Acción de Gracias en Estados Unidos no siempre son glamourosos ni se pasan de la manera soñada-perfecta del American Way of Life. La protagonista (April) es una chica que vive en un barrio duro de New York y en un departamento que se cae a pedazos; pero ello no impide que ella tenga ilusiones, sueños y desafíos: invitar a su desastrosa familia en esa fecha tan especial; pero sobre todo, la excusa es ver por última vez a su madre, que tiene una enfermedad terminal. La familia, incluida la abuelita senil, emprende un viaje de ida en busca de la ovejita descarriada; ellos tienen su propia Road Movie con varias vueltas de tuerca. Y en el medio, entre los preparativos del pavo de Thanksgiving y los vecinos multiétnicos de April que la ayudan a cocinar, pasa de todo.

Grande Katie Holmes.