Bienvenidos a un espacio de contención, respeto, suma, ponderación y crítica constructiva sobre diversas expresiones musicales, cinematográficas y audiovisuales que se cruzan por el universo. Esta serie de artículos ya fueron publicados por mí en otras plataformas digitales e impresas, por lo tanto el objeto del blog es de compilación, resumen y selección.
La película Hurt Locker está muy lograda, y tiene una historia peculiar.
Su directora, Kathryn Bigelow (que ganó por esta cinta el Oscar a mejor dirección y mejor película), tuvo que hipotecar todo lo que tenía para poder financiar el film. Como los grandes estudios no confiaron en ella (si he de decir algo a favor de los productores es que no es habitual que directoras de cine hagan películas bélicas) la buena de Bigelow empeñó hasta sus anillos, su casa, su auto. Y como aún no le alcanzaba tuvo que recurrir a un ignoto productor independiente francés que también tuvo que empeñar lo poco que tenía. La producción pasó por un sin fin de dificultades: no había dinero para efectos especiales, todo se filmó en primera toma ya que no había dinero para la segunda. ¿ Qué hacer, entonces... ? El viejo truco de usar varias cámaras a la vez, y quedarse con la mejor toma.
Los tres actores protagónicos -que no eran famosos en aquellos momentos, pero hoy sí lo son - cobraron lo mínimo, y también cobraron lo mínimo Ralph Fiennes, David Morse y Guy Pearce, una manera de hacerle el aguante a la directora. Bigelow filmó en Jordania y como extras puso a refugiados afganos; el dinero llegaba para bancar una producción y sus costos por 40 días. Y en 40 días se filmó. Y se filmó con temperaturas que superaron los 45 grados, día a día. Pero la frutilla del postre se la lleva la edición: Bigelow filmó en 16mm. Hubo que llevar las latas en mano hasta Londres, y en varios viajes, para editar y compaginar en la postproducción.
La película tiene un gran guión, actuaciones bien encausadas, una gran mano de dirección y puesta en escena. Se nota que hay poco dinero, y se nota las ganas de que todo salga adelante y, lo que es más importante, se nota la ausencia de Hollywood. Lo cual es maravilloso. Si alguna vez creyeron que podía llegar a existir una película de guerra minimalista, pues están frente a ella.
Si alguno de ustedes tiene duda de cómo trabajaba un escuadrón anti bombas en Irak, esta el la película indicada.
Bien entrado el siglo XXI somos testigos de un fenómeno que ha crecido en casi todo el mundo occidental: personas que viven en sus coches, camionetas, casas rodantes o pequeños utilitarios. Son los neo nómades, itinerantes, trotamundos, errantes, trashumantes y migrantes que sobreviven con lo mínimo, suelen trabajar en empleos precarios y estacionales y circulan por el país en caravana, en pareja, o solos.
Todos ellos son neo viajeros del siglo XXI que conocieron mejores épocas pero que en la vejez se encuentran en la difícil situación de no poder hacer frente a tener una casa, comodidades y un ingreso digno.
Ya dije que este fenómeno existe en muchos países occidentales y muchos profesionales universitarios le han dedicado ensayos y análisis periodísticos. Pero quizás quién ha sabido zambullirse como nadie en esta subcultura fue la periodista e investigadora estadounidense Jessica Bruder que hizo un seguimiento de inmersión (mutando ella misma a ser nómade) y recopiló muchísima información e historias de estas personas que enfrentan el día a día con amor, esperanza y mucha dignidad. Y de toda esa fuerza, belleza, intercambio y serenidad que compartieron Jessica y sus amigos nómadas nació el libro de no ficción Nomadland.
Primero fue el libro, en 2017; y luego vino la adaptación cinematográfica en 2020. Y no sé cuál es mejor, si la no ficción de Jessica Bruder (magistral, una verdadera clase de periodismo de inmersión) o la exquisita película de Chloé Zao (quien escribió el guión, dirigió y produjo el film). Un film que es majestuoso, bellísimo, calmo, relajado; y lo que es mejor, un fenomenal círculo de no actores (casi todos ellos amigos de Jessica Bruder) y nómades reales acunaron a un personaje ficcional compuesto por Frances McDormand mientras la pantalla los une y los amansa. McDormand ganó un Oscar por su actuación, y también otro Oscar por ser una de las productoras de la película.
Pero también he de decir que no todo espectador se sentirá cómodo por la forma y manera de encarar los temas y las técnicas de filmación de Chloé Zao: guiones mínimos, planos largos y en barrido lento, trabajar con gente común que no sabe actuar. Todo ello es un combo que no todo el mundo está dispuesto a digerir. Escuché y leí muchas críticas de la películas: los que la aman, los indiferentes y los que la odian. Pero lo que sí, a nadie ha dejado indiferente.
Cuando en 1952 el compositor y teórico musical John Cage se amaneció con esta composición de silencios, que dura exactamente 4 minutos con 33 segundos (divididos en tres movimientos), muchos colegas, público y asistentes pensaron que se había vuelto loco. Pues la composición no tenía música que sonara, y los músicos intervinientes no ejecutaban ninguna composición sonora. Los 4 minutos 33 segundos eran de silencio, pero un silencio poblado de otros sonidos que no eran emitidos por los instrumentos. Y esa fue y es, precisamente, la teoría de Cage: el silencio absoluto no existe en la vida cotidiana, ya que los sonidos de ambiente o naturales, por más tenues que sean, existen y son más notables y distinguibles que la música en sí.
Cage y su 4´33´´ ha tenido toneladas de interpretaciones, ensayos, análisis y polémicas entre teóricos, y cada cual ha tratado de dar su opinión al respecto. Algunos han apoyado fervientemente los análisis y experimentos con silencios de Cage, otros lo han tildado de parlanchín.
Desde el punto de vista musical, Cage mantuvo que el silencio no era la mera ausencia de sonido sino la reinterpretación de esa supuesta ausencia desde la subjetividad y el sentir de cada uno. Ejemplo: para muchos, el murmullo de las hojas embarulladas en otoño es música; para otros, es un ruido insignificante. Además, Cage sostenía que los sonidos ambiente donde se ejecuta música son parte de las composiciones y constituyen una performance, y que la aparente ausencia de sonido y el silencio se retroalimentan y embellecen, dando lugar a verdaderas creaciones artísticas en las que lo mínimo y sutil es emponderado y elevado a composición musical.
Seré breve y ya les doy la respuesta: sí. K Pax (2001) es un plagio de la película de Eliseo Subiela Hombre mirando al Sudeste (1986). Pero en este caso, la culpa no ha sido del chancho sino de quién le dio de comer.
Los pongo en contexto. El director argentino Eliseo Subiela filma y escribe el guión de Hombre mirando al Sudeste (estrenada en 1987) en la que un señor es ingresado a un psiquiátrico porque dice que viene de otro planeta. En 2001, se estrena K Pax, en la que un señor (Kevin Spacey) es ingresado a un psiquiátrico porque dice que viene de otro planeta. Y las coincidencias no terminan ahí, las hay para todos los gustos, colores e ideas. Pero la culpa del plagio de la película K Pax no la tiene ni el director, ni los productores, ni los actores. La culpa es del autor de las sagas de ciencia ficción en las que se basa el film yanki, que nunca jamás admitió que Hombre mirando al Sudeste fue su inspiración para la creación de sus novelas K Pax. Y lo que es peor, este señor vendió los derechos de K Pax para se sea llevada a la pantalla grande en Estados Unidos.
Subiela, ante tamaño desparpajo, no se quedó de brazos cruzados: inició una batalla legal para que el plagio quedase expuesto. Pero lamentablemente, Subiela tuvo que dar marcha atrás con su intención ya que no pudo solventar los costos de pagar abogados en Estados Unidos. Y así, otra injusticia ha quedado desenmascarada, pero las consecuencias son nulas.
Más de una vez habrán leído que aquí y allá se descubren plagios o robos de obra publicada, filmada o musical. Y muchas veces, lamentablemente, quienes son los legítimos dueños de esos derechos deben desistir de presentarse a la justicia para reclamar lo que es justo porque no poseen espalda sólida económica que los ampare para costear el pago de ayuda legal.
Lo lamento por Subiela, que falleció sin que se le reconociera la inspiración e influencia que ejerció en la saga de novelas K Pax y la película homónima.
Hoy es sábado 14 de junio de un verano tranquilo en las montañas achicharradas de New Mexico. Y como casi todos los sábados, empecé el día con una rutina tranquila y apacible. Esta mañana salí a caminar, fui a la feria, charlé con los vecinos. Y durante la charla con los vecinos, escuché de fondo que alguien en un automóvil que pasaba tenía a tope Prisencolinensinainciusol, la canción que dio nacimiento al rap europeo y que compuso e interpretó Adriano Celentano a principios de los setentas en aquella Italia que ya no es lo que era.
Me explico: las palabras de la canción no significan nada en inglés, y el tema es una tomadura de pelo hacia aquellos que balbucean canciones en ese idioma con mala pronunciación y sin saber lo que las letras dicen. Celentano, además, no esperó a que naciera el rap yanki, ya que él mismo en 1972 se encargó de crear su propio flow, rima y ritmo con palabras inventadas que suenan a inglés pero no lo es. ¿No es gracioso que haya sido precisamente Celentano el padre del rap europeo? ¿Un italiano cantando y componiendo rap en 1972? Pues sí.
La canción, por supuesto, es de culto. Y todo aquel que pretenda ser un entendido sobre música moderna contemporánea lo tiene a Celentano y su canción en el tope de sus listas.
Hace algunos años y para Navidad me regalaron un libro curioso: Ghost Riders in the Sky, escrito por Michael Ward.
El libro cuenta una historia que en USA es muy conocida y está relacionada con la canción western mas famosa, la mas aclamada y mas versionada y su autor, Stan Jones. La canción es la maravillosa Ghost Riders in the Sky. Que también es conocida como Riders in the Sky, Ghost Riders o A Cowboy Legend. Este maravilloso tema tiene mas de 500 versiones (contando 2024 inclusive) y solo teniendo en cuenta las de USA. La canción a veces se la versiona con letra y música o solo música.
Stan Jones escribió la canción en 1948 y la grabó a fines de ese año mientras aún trabajaba como Ranger en un Parque Nacional. El suceso de la canción fue de tal magnitud que pronto le llovieron contratos de Hollywood (para música de películas western) y discográficas.
Les dejo la versión original, tocada y cantada por Stan Jones en 1948. Y la de Johnny Cash en 1979.
En este lluvioso y fresco domingo 23 de junio de 2024 deseo contarles la historia de cómo un tema musical atípico y que en su momento pasó completamente ignorado logró transformarse en la composición de jazz más exitosa de todos los tiempos.
Corría el año 1958. El cuarteto de jazz de Dave Brubeck ya era super famoso, y le arreciaban los contratos, dinero y popularidad. El cuarteto estaba integrado por 4 genios y superdotados musicales: el mismo Dave Brubeck (piano); Joe Morello (considerado el mejor baterista de todos los tiempos); Paul Desmond (saxo); y el exquisito y magistral Eugene Wright (contrabajo).
El tema Take Five nace a pedido de Joe Morello, quién le pidió al saxofonista Paul Desmond un tema en notación musical completamente fuera de lo común (un 5/4) para lucirse en la batería. Joe Morello era un hombre que conocía a la perfección sus enormes dotes musicales y por lo tanto deseaba composiciones exigentes para mostrar su virtuosismo y genialidad; y a la vez, tener la oportunidad que el cuarteto luzca compacto y a la altura de su talento.
Sí, ya lo adivinaron: Morello fue un narcisista y egocéntrico, pero esa es una circunstancia entendible ya que fue un genio, y los genios nunca se han caracterizado por ser sencillos y/o humildes.
Así las cosas, Desmond compone Take Five (en el atípico ritmo 5/4). La composición formó parte del álbum Time Out que también contenía otros temas de jazz con ritmos atípicos (esa fue una línea muy seguida por Brubeck, el alma mater del cuarteto). Take Five no fue, al principio, un tema popular. Es más, la crítica y el público destrozó con críticas despiadadas el álbum y el tema. Y así, Take Five fue ignorado.
Pero en 1961 vino la revancha: los aficionados al jazz empezaron a darse cuenta que Take Five es una genialidad, y que Time Out era un álbum magistral.
Antes de pasar al vídeo con el tema, les cuento otra curiosidad: la ejecución del tema es tan compleja que el cuarteto tardó varios días en poder grabarlo en estudio (eso ocurrió en 1959). Y en vivo, el cuarteto simplificó la composición y su tempo ya que es un tema que requiere una enorme concentración, gasto de energía y un virtuosismo fuera de lo común.
Que tengan un excelente domingo.
Y un día en los '60 apareció en el horizonte de la música popular mundial algo llamado Bossa Nova que llegaba del enigmático y distante Brasil. Casi todos los grandes intérpretes de su tiempo cayeron rendidos al los pies de la Bossa Nova y sus figuras. Desde Frank Sinatra a Charles Aznavour, Julio Iglesias, Tom Jones y hasta Louis Armstrong fueron seducidos por este grupo de músicos brasileños que traían extrañas canciones con muy originales armonías y unos acordes raros y una manera de cantar tan rítmica y enigmática.
Joao Gilberto, llamado Padre de la Bossa Nova, por ejemplo, irrumpió en el mundo musical internacional en 1960 de la mano de O Pato. Canción que no es de su autoría ( los culpables de la belleza son Jayme Silva y Neuza Teixeira ) pero a la que volvió inmortal. Los que tienen mas de 50 ya la reconocerán.
Imagen de Flickr bajo licencia de Creative Commons
La música punk ( no el movimiento... que son dos cosas diferentes ) nación en Perú en los '60. Les parecerá una afirmación temeraria. Pero es lo que dicen los expertos de las publicaciones mas especializadas en este tema.
El grupo que la parió fue Los Saicos, que con muchas intermitencias e idas y venidas siguen vigentes.
Que la música punk haya nacido en Perú será una sorpresa para muchos. Tiene su explicación, sin embargo. Los integrantes de la banda Los Saicos pertenecían a una clase social acomodada, vivían en un barrio de clase alta en Lima y estaban acostumbrados a escuchar músicas de otras culturas y estuvieron familiarizados con el rock y sus derivaciones desde la adolescencia. El sonido de garage y la crudeza del estilo es ejemplo que ellos también quisieron despegarse de los sonidos que los rodeaban desde países vecinos mucho mas ligados al Beat y la música melódica.
Deseo mostrarles un cine de los de antes, con pantalla de las de antes, y sonido del de antes.
Un cine que se llama Jean Cocteau. Cuya ubicación es especial, su dueño es especial y a la vez el cine es mas que un teatro, una biblioteca, un bar, una cafetería, un espacio cultural, una galería de arte, un punto de encuentro de la movida social y cultural de la capital del estado de New Mexico, Santa Fe. El Jean Cocteau una estrella por sí mismo, y verán por qué.
En el Jean Cocteau se puede disfrutar de unos tragos o un café mirando cuadros de artistas locales y estar ojeando libros autografiados por el escritor y dueño del cine y Alma Mater de Game of Thrones, George R.R. Martin; y por supuesto se puede ver películas clásicas, independientes o extrañas en pantalla de tela muy sencilla y con sonido de los equipo acústicos muy rudimentarios usados en los '70; o pueden participar en una conferencia de autores, escritores o artistas de renombre internacional y poder compartir charlas y debates, seminarios o una fiesta con amigos; o concurrir a los espectáculos de magia, vodevil, stand up; o presenciar disertaciones o coloquios en los que el propio George R. R. Martin está presente. Es común en el pueblo verlo a Mr. Martin vagabundenado por ahí.
Este presente del Jean Cocteau ha tenido un pasado azaroso, sin embargo.
El cine nació con el nombre The Collective Fantasy en 1976 bajo el ala protectora de 4 soñadores enrolados en el hippismo: Lynn Cohen, Mary Hether, Anne Lewis y Richard Szanyi. La programación era risueña y muy amateur. En 1983 el cine cambia de nombre y dueño. El Jean Cocteau prende sus luces al amparo de Brent Kliewer quién luego vendió a la empresa Trans-Lux que lo regenteó hasta su cierre en 2006. Y gracias a George R. R. Martin es que el cine vuelve a abrir sus puertas en 2013. Martin decidió conservar el mismo nombre 'Jean Cocteau' para esta nueva etapa del complejo cultural cuyo edificio fue remodelado y embellecido y otorgándole a la sala una nueva programación, nuevo espíritu y misión. Martin le ha infundido al Jean Cocteau un nuevo empujón por la divulgación del cine independiente, clásicos y rarezas; y los espectáculos en vivo, conferencias y multiespacio para eventos.
No soy Dylanista, tampoco amante de las canciones protestonas.
Pero algunas canciones de Bob Dylan me gustan, y algunas canciones de protesta también.
La historia de esta canción, llamada Hurricane, es bastante conocida. Cuenta la historia de un boxeador, Rubin "Hurricane" Carter, que es acusado y encarcelado en 1966 muy probablemente de manera injusta por un crimen, que se cree, no cometió. Dylan fue valiente e insistente en sostener la inocencia de Hurricane, hasta llegó a visitarlo en 1975 en la prisión en la que Carter estuvo convicto 22 años. Dylan escribió, junto a su amigo el compositor Jacques Levy, esta canción que ha tenido unas 5 versiones del propio Dylan con diferentes letras. La letra fue cambiando por motivos legales: algunos de los testigos del crimen por el que fue acusado Carter amenazaron con calumnias a Dylan y Levy, forzándolos a reescribir la letra. Como los testigos no quedaron conformes, y debido a otras presiones ejercidas por la compañía grabadora y de otras entidades, Dylan y Levy reescribieron una y otra vez la letra hasta que casi todos quedaron conformes. Menos Dylan.
Les dejo la versión original para que la escuchen.
Resulta que el 24 de enero de 2024 uno de mis canales de Youtube cumplió 5 años. Y para festejarlo, pues escribí en la sección "Comunidad" un texto alusivo al festejo.
En es escrito le contaba a quienes leyesen el posteo que luego de 5 años poseo solamente 500 suscriptores; y a contracorriente del algoritmo que me ignora (y también yo lo ignoro) soy como la nada; una nada que piensa, resuelve y genera sin esperar que otros se den cuenta que lo que hago lo hago por mí, a mi gusto, a mi tiempo.
También dije que voy, siempre, más allá de la creación, más allá de la conciencia y de el armado conceptual de un tópico determinado. Como bien dice mi mejor amiga: "vos sos el dínamo; y a partir de allí, todo fluye".
¿Qué suena egoísta...? Puede ser: lo que escribo, grabo, digo y dibujo lo hago por mí y me tiene que gustar y convencer a mí; y si luego ello gusta a otras personas, pues tanto mejor.
Para festejar los 5 años y los 500 suscriptores de mi canal, entonces, posteé unas pocas palabras y que estaban referidas a cómo nació mi relación con la música. Que es la historia de una nena (en los '70) a la que no le interesaba que la sigan; que no me interesaba deslumbrar, polemizar ni destacar.
Pero mejor, voy a la historia.
El primer disco que tuve en mi vida (tendría unos 6 o 7) me lo regaló mi abuelita. ¿Y qué creen que me regaló? Pues Vinicius, Maria Creuza y Toquinho en La Fusa. Mis padres, horrorizados, creyeron que no era música apropiada para una nena y que yo necesitaba algo mas "light" e infantil. Pues no: mi abuelita insistió que era música para educar, porque mi abuelita pensaba que la música y los libros eran artículos de primera necesidad (justo ella lo decía, que no había terminado la escuela primaria pero poseía una enorme cultura a base de lectura).
Ese disco (y otros discos...) marcó mi destino.
A Vinicius le siguieron Maria Callas, Frank Sinatra, Nino Bravo, Mozart, Los Jaivas, Ramona Galarza, El Trío Los Panchos... Y todo ello antes de mi adolescencia.
Y qué decir de los libros: gracias a mis padres y abuelita, que alimentaban mis neuronas de voracidad incontrolable, antes de la adolescencia mis lecturas ya habían dado cuenta de Thomas Mann, Hermann Hesse, Borges, Bioy Casares, Emile Zola, Hemingway, Joseph Conrad...
Todo influye para la construcción como ser y como comunicador.
Y mis influencias son tatuajes imborrables y arterias vivas que se notan y sumergen una y otra vez en el pastizal de lo que hoy es la Comunicación de Masas. Voy a dónde casi nadie va, hago lo que no interesa ni repercute; escribo sobre cuestiones que no son populares.
Pero no me importa: me gusta lo que hago, y eso es suficiente.
Vengo del tocadiscos y de la máquina de escribir.
Y hoy estoy aquí, con blogs, libros, y Youtube.
Mañana no sé, ¿quién sabe?
Me ronda por la cabeza de volver a la máquina de escribir; y también me ronda la cabeza perderme entre renglones y tiza y transformar esa energía inclaudicable con la que nací en un collage metafísico y transformador.
Les confieso: del festejo no se enteró nadie, pues nadie me felicitó, nadie me saludó; nadie hizo el menor esfuerzo para comunicarse conmigo y decirme: che, Gabriela, te felicito, en verdad. Y entonces hice un festejo íntimo en el que me felicité a mi misma. Y qué mejor que poner una y otra vez mi canción preferida de Vinicius de Moraes, Maria Creuza y Toquinho, llamada Canto de Ossanha, la misma que tocaron en La Fusa y quedó inmortalizada en ese disco.
Se dice que en la vida, para tener éxito, se necesita combinar al menos dos componentes de tres: suerte, talento, contactos. Y lamentablemente, Sixto Rodríguez (fallecido en agosto de 2023) solo contó con el talento.
Su enorme capacidad como contador de historias, como compositor y letrista no le alcanzó para lograr la fama y notoriedad que hubiese merecido en los '70. Y fue recién en el 2000 que fue redescubierto y parcialmente reconocido. Sixto grabó dos álbums de estudio en los '70; y en 1975 colgó la guitarra y decidió caminar la vida fuera de la música (cuando ella claramente lo abandonó, o él decidió abandonarla); y de pura casualidad fue redescubierto por sus fans en Sudáfrica y otras partes del planeta poco antes del 2000. El reconocimiento llegó tarde, a los tumbos, y cuando ya Sixto era muy mayor y se había olvidado que había sido artista.
Muchos lo comparan y lo ponen a la misma altura de Bob Dylan; y es que la verdad, Sixto tenía una calidad letrística excepcional, canciones bellísimas y una voz crujiente y bien entonada.
Descubrí a este hombre extraordinario gracias al documental Searching for Sugar Man de 2012, en el que se cuentan las desventuras y peripecias de Sixto Rodríguez y la fama y reconocimiento esquivos que mereció pero nunca llegaron (o llegaron muy tibiamente, y sin destellos).
El multipremiado documental Searching for Sugar Man trató con respeto, gran investigación y edición la increíble historia de Sixto Rodríguez y el estrellato que nunca llegó y lo olvidó. El rodaje del documental corrió por cuenta del ya fallecido director sueco Mailk Bendjelloul, que con delicadeza, inteligencia y mucho respeto desasnó la trama de cómo Sixto Rodríguez fue el mayor talento ignorado de la música folk de Estados Unidos del siglo XX.
Otra joyita del documental es la banda de sonido, que como no podía ser de otra manera, son canciones de Sixto.
Stanley Kubrick fue el mas británico de los directores de cine de USA; su contrapartida es Guy Ritchie, el mas yanki de todos los directores británicos.
Kubrick vivió toda su vida adulta en Inglaterra. Allí escribió, pensó la dirección, programó, editó, cuidó la fotografía y la iluminación de sus films, muchos de ellos Patrimonio Cultural de la Humanidad - es una afirmación pura y exclusivamente personal -.
Se cuentan muchas cosas de Kubrick., muchas de ellas muy buenas; otras, no tanto.
En un libro que leí sobre Kubrick, y cuyo autor pudo acceder al mítico castillo-bunker del director en Childwickbury Manor (Inglaterra), se cuenta que todas las áreas comunes de la casa estaban cubiertas con bocetos, cortes de cintas, guiones, anotaciones sobre la luz, sonido, efectos; textos alternativos, notas de dirección y producción, esquemas de escenas, ediciones alternativas y posición de cámaras. Es como si la residencia en su totalidad se hubiese transformado en un Estudio Cinematográfico. Kubrick y su paciente y abnegada esposa salían del castillo para filmar, y una vez finalizada la filmación... a encerrarse de nuevo hasta el próximo film.
Pues la semana pasada disfrutamos otra vez de esta deliciosa y poco inocente película satírica filmada en 1964: Dr. Strangelove. Cuyo título completo es Dr. Strangelove or How I Learn Stop Worrying about The Bomb. Esta película la descubrí hace unos 7 u 8 años, y desde ese entonces, la miro cada vez que puedo.
De entrada: no parece una de Kubrick. Porque cuando uno nombra a Kubrick, ¿qué viene a la cabeza? 2001, Full Metal Jacket, Clockwork Orange, Barry Lyndon, The Shinning...
Dr. Strangelove fue el primer largometraje de Kubrick en el que él asume la función de director, guionista, productor y editor. Las mismas funciones que haría en el resto de sus filmes de allí en mas.
La trama de esta delicia fílmica, muy extremadamente cómica y singular es muy risible y bastante disparatada: empieza la guerra nuclear entre USA y la ex URSS por culpa de un general yanki subido a sus humos y egos... que por supuesto no tomará responsabilidad en el desastre; y al final la responsabilidad de la catástrofe es asumida por un oficial de la RAF llamado (o apodado) Mandrake. Por otro lado está el pobre y resignado presidente de USA tratando de contener, inútilmente, la hecatombe; un comandante (de nombre King Kong) de un temible avión B52, cowboy él, y sin demasiadas luces que confunde instrumental, procedimientos y manuales mientras divaga por los cielos con la mentada bomba ; y para terminar, y por supuesto, el científico amoral y patético muy, muy nazi enamorado de su aterradora creación de destrucción masiva: el maléfico Dr. Strangelove.
El elenco es de primer nivel, como cabría de esperar. Y con un Peter Sellers admirable en tres papeles, el Dr. Strangelove, el presidente de USA y el cumplidor oficial de la RAF Mr. Mandrake. Y claro: también hay un comandante Jack D. Ripper, el ya nombrado capitán de bombardero con el sugestivo nombre King Kong y otro oficial con el maravilloso nombre Bat Guano.
Aunque en mi opinión, cuando la justicia llega luego de 3 décadas no es justicia.
Los pongo en contexto: Nirvana tocó en Argentina en 1992, y los teloneros fueron Los Brujos, una banda de rock argentina que tocó, entre otras canciones, su super hit 'Kanishka'. Cobain, ni lerdo ni perezoso, tomó nota de la canción; la robó, maquilló y grabó como propia con el nombre 'Very Ape' en el album de Nirvana 'In Utero' que salió en 1993. Cobain, en vida, nunca admitió el robo; siempre insistió que la canción era de él.
Treinta años después el biógrafo de Cobain, Michael Azerrad, terminó confirmando que la canción de Cobain 'Very Ape' es un robo deliberado de Cobain de la canción de Los Brujos.
Aguanten Los Brujos.
Y además les dejo el tema Kanishka para gloria y reivindicación.
Las remembranzas algunas veces son tan caprichosas...
Como cuando una canción se nos pega por el resto de la vida, esa misma canción que aprendimos a tararear ni bien pudimos. Cuando era pequeña, digamos 4 o 5 años, recuerdo que mi papá solía cantar una canción en una lengua extraña. Aún creo que yo no distinguía que existían otros idiomas además del italiano pero igual trataba de acompañar la letra y los sonidos. El alemán no ha sido jamás un idioma en el que tenga facilidad, por otro lado. Y esa canción, Lili Marlen, mi padre, y también a veces mi mamá, solían cantarla. A ambos les encantaba cantar, las reuniones familiares siempre las recuerdo por sus canciones luego de la comida.
Mi papá había peleado en la Segunda Guerra y por lo tanto aprendió a enamorarse y a tener esperanzas con Lili Marlene. Esta canción tiene una historia para contar. Quizás la historia no sea muy entretenida, pero ayuda a poner en contexto el tema. El poema en que se basa la canción se escribió en 1915. Ya vieron que muchísimas canciones surgen como poemas 'cantados'. En 1937 el autor del poema, Hans Leip, extiende el original de 3 a 5 versos y el músico Norbert Shultze compone la melodía. Y acá nace la canción 'Lili Marlen'. La canción tuvo infinitos cambios de nombre, versiones, traducciones, centenares de libros, documentales y ensayos en los que no deseo extenderme. Solo decir que la primer versión de la canción se grabó en 1939 y la voz fue Lale Andersen. Se supone que la canción debía apuntalar la propaganda nazi. Por el contrario lo que este fenomenal suceso musical logró es infundir a los soldados de todas las armas esperanza y alivio y alejarlos de la angustia, el dolor, la soledad y el desamparo mientras la silvaban o cantaban. La canción rápidamente rompió fronteras y empezó a ser cantada por nazis, rusos, ingleses, americanos y todos aquellos que entraron en contacto con ella. Lili Marlene es uno de esos extraños fenómenos en los que las barreras culturales, ideológicas y políticas no pueden contener una obra de arte.
Demás está decir que la canción tuvo tropicientas versiones en decenas de idiomas. Pero solo incluiré dos versiones: la de la propia Lale Andersen y la de Marlene Dietrich.
Imagen de escultura de Lili Marlen bajo licencia de Wikimedia Commons
No soy mucho de conciertos ni shows, menos los que son virtuales.
Pero durante 2020 y en plena pandemia, mirando en casa el One World Together at Home escuché y vi la versión de Smile de Lady Gaga. Y no pude evitar ponerme de pie y aplaudir. Lady Gaga es tan, tan talentosa que eclipsa todo lo que se le pone cerca. Luego, claro, están los gustos de cada cual, por supuesto.
La música de Smile se remonta a Charles Chaplin, su compositor. Esta melodía formó parte de la banda musical de Tiempos Modernos en 1936. Mr.Chaplin era un músico y compositor maravilloso, además de extraordinario actor, productor, director, escenógrafo, bailarín, editor, libretista, coreógrafo y empresario.
En 1954 a la melodía de Chaplin se le agregó letra. Y de allí al éxito universal. Una de las canciones mas versionadas de la historia, no importa el idioma o la cultura. La canción ha aparecido también en numerosas bandas sonoras de filmes y comerciales.
La canción fue versionada hasta casi el infinito, como ser Judy Garland ( la enorme ); la cantada por Lady Gaga; por supuesto la de Nat King Cole - que en 1954 tuvo el honor de grabar la primer versión cantada del tema - y Jimmy Durante; también la cantaron Tony Bennett, Michael Jackson, Josh Groban, Michael Buble, Babra Streisand y Elvis Costello; entre otros.
Mi versión preferida de Smile es la cantada por Judy Garland: