Changing Lines (2003)

Ben Affleck es como los vinos, a medida que envejece, está mejor. Y es como Carlos Gardel: su halo mítico se agiganta con el tiempo. 

Este muchacho, que es muy talentoso y muy inteligente, ha tenido un enorme salto de calidad en casi todo lo que hace, sobre todo, cuando empezó a priorizar calidad sobre cantidad.
En sus comienzos, solo hacía muecas seductoras en películas de carilindo.
Luego llegó aquel Oscar junto a Matt Damon como guionista. Ambos muy jóvenes.
Después llegaría la consagración y el prestigio: sus películas como director, guionista y productor; y también actuando. Casi siempre y casi todo superlativo.

El año 2002 fue un año bisagra para Affleck en la transición de chico divino a adulto pensante. Ya no podía ocultar que andaba tratando de despojarse de los roles de divo y estrella. Venía de actuar malamente en Pearl Harbor (un horror...) y venía de otras películas livianas y mediocres que no agregaban nada a su curriculum.
Por eso, y en ese mismo 2002, aceptó el reto del británico Roger Michel - el mismo de Nothing Hill - y se puso a actuar en serio y a ponerse el traje de actor y actuar bien y no pasarse de la raya.
Este muchacho, Affleck, no es buen actor, al menos no a la altura de un Marlon Brando, un Daniel Day Lewis o un Jesse Plemons. Sin embargo, si un director de fuste lo agarra y lo exige, saca algo muy bueno de él.
Y es lo que pasó acá.

Del desarrollo de la película (que se puede ver en plataformas) no quiero decir mucho, pero igual les doy algunos indicios. Un abogado rico pero insatisfecho choca con el auto contra un alcohólico en recuperación. Y trácate: los papeles que llevan se mezclan, y los documentos de uno de ellos quedan en poder del otro y viceversa. Uno de los dos llega tarde para pedir custodia compartida de sus hijos... y se pudre todo. Mal, muy mal. Para peor, en vez de pedirse perdón mutuamente se enredan en una guerra campal con consecuencias impredecibles.

Es un gran guion, muy bien estructurado y con vueltas de tuerca bastante buenas. Y los actores que acompañan al gran Ben son fenomenales: una Toni Colette impecable (sin sobre actuar); y Samuel J. Jackson cumple, como siempre.





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