Adiós, Carlos, Adiós

El viernes 5 de junio de 2026 el artista Carlos Alberto "Indio" Solari se volvió inmortal. Y una incalculable cantidad de almas lo lloraron; me incluyo. Se calcula que un millón de personas concurrieron a su adiós final.

Y fíjense la coincidencia (las casualidades no existen, desde ya): por esos días recordábamos con una amiga que habíamos visto por primera vez a Carlos y su banda (Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota) en 1985 en el mítico Skylab, allá por San Justo. Y desde ese entonces, todo fue amor.

Explicar la dimensión del Indio Solari es difícil: artista plástico, productor musical, pensador, letrista, escritor, showman, filósofo, cantor. No ha existido fenómeno popular que lo contenga, teoría sociológica que lo explique, ni campo cultural que lo encuadre. Carlos fue y es un mito, con sus exigencias, rimas, contradicciones y anécdotas. Fue un incuestionado, un ser luminoso, un exégeta del arte. Pero ante todo, un imprescindible. Gracias Indio. Gracias.



The Serpent (2021)

The Serpent es una miniserie de la BBC que es digna de destacar.

El show está filmado en 4 idiomas que interactúan a lo largo de los 8 episodios: francés, inglés, holandés y tailandés.
The Serpent está basada en la vida del asesino serial francés Charles Sobhraj, que en los '70 asesinó a una veintena (aunque se cree que son más...) de turistas europeos, yankis y del medio oriente para robarles pasaportes, dinero y joyas. Sobhraj no se privó de matar a estos jóvenes viajeros que llegaban a Tailandia, Nepal, India o Hong Kong en busca de aventuras y/o experiencias de vida. La metodología empleada por Sobhraj y sus cómplices era siempre la misma: ganar la confianza de los incautos viajeros, envenenarlos, y a continuación robarles todo aquello que a Sobhraj le sirviese para mantener su costoso nivel de vida. Pronto, sin embargo, a Sobhraj le apareció una piedra en el zapato...
La piedra en el zapato se llama (el personaje aparece con su nombre real; aunque muchos de los otros personajes de la miniserie aparecen con nombres ficticios para preservar identidades) Herman Knippenberg, que por aquel entonces tenía unos 20 y tantos, trabajaba en el cuerpo diplomático de los Países Bajos en Tailandia, y que empieza a obsesionarse (hasta casi el punto de la patología) con tratar de esclarecer esta serie de misteriosos asesinatos de turistas extranjeros en Bangkok y otros destinos de oriente. Knippenberg no la tendrá fácil; es que nada es fácil en esta vida...

Hasta allí me animo a contar sobre el show, en caso que alguno de ustedes desee verlo.
A nosotros el show nos gustó mucho; si hasta leí el libro On the Trail of The Serpent, que trata sobre este mismo tema. 

En cuanto a la filmación: estamos frente al típico producto muy estilístico y cuidado de la BBC, pero en el que los productores 'impusieron' actores.
La elección del protagonista, el francés Tahar Rahim, me parece soberbia y casi la única 'buena'; Rahim es un actor de fuste, gran caracterizador (un camaleón francés del tipo Gary Oldman...) y actor con gran presencia, versatilidad y convicción en la pantalla. Su actuación es superlativa.

La buena de Jenna Coleman no fue una buena elección; si ven el show notarán el enorme desbalance entre la magnífica actuación de Rahim y la de Coleman. Siempre digo que los actores deberían elegir qué hacer y qué no. Pero Coleman, parece, todavía no aprendió a decir que no, y el resultado es una actriz (que no habla francés) chapoteando en el barro tratando de acomodarse a un personaje que hablaba francés de Quebec. Mal por los productores (hay decenas de actrices bilingües inglés-francés) y mal por Coleman. Pero no me mal interpreten: ella me cae simpática, pero acá tendría que haber evitado actuar...

Y el otro protagonista 'olvidable': Billy Howle. Este muchacho, sinceramente, hablando holandés es lamentable (un horror, y nuevamente, un problema de producción: es tan fácil encontrar actores bilingües inglés-holandés...); y para enchastrarla más y peor, sobre actuó en algunos pasajes del show (por ejemplo, se nota muchísimo que Howle nunca fumó en su vida, y que tampoco sabe actuar para convencer que el personaje sí fuma...).

La ambientación y puesta en escena es impecable: la filmación empezó en Tailandia a fines de 2019, y luego se suspendió por el Covid. El resto de la filmación debió hacerse en Inglaterra. Lo filmado en Tailandia es excelente: escenarios reales - poco han cambiado algunos barrios de Bangkok en los últimos 40 años... - y hermosos paisajes.
Por supuesto: el show perfecto no existe. Y si he de hacer una evaluación final, confieso que me gustó mucho. Tiene una excelente banda sonora, no decae en intensidad, interés, ni trama. Y volvería a ver la miniserie, si se me presenta la oportunidad.




Saint Jack (1979)

No se me hubiese ocurrido jamás de los jamases ver esta película, pero ni en pesadillas, hasta que un día surgió la ocasión. Ocasión motivada por la curiosidad.

Los pongo en contexto: hace unos años los amigos de un amigo de mi marido vinieron a pasar la tarde en nuestro departamento, y luego, se quedaron a cenar.
Charla va, charla viene, comimos como sapos. Y a los postres, cada cual contó anécdotas graciosas y cosas insólitas para reírse un rato. Monika, la señora amiga del amigo de mi marido, en un momento comentó: "sin ser actriz, y siendo muy joven, actué en una película con Ben Gazzara y Peter Bogdanovich". Y me la quedé mirando atónita y boquiabierta. Recuerdo que le pedí que repita lo que acababa de decir, e insistió: 
"sin ser actriz, y siendo muy joven, actué en una película con Ben Gazzara y Peter Bogdanovich". 

Imaginen mi sorpresa, y más teniendo en cuenta que no soy persona fácil de sorprender. Es que uno no se encuentra fácilmente a una persona que venga de casualidad a casa y que, además, te mira a los ojos y te dice, sin pestañar, que filmó con tal o cual, así de natural y relajado, como si uno fuese a comprar el pan por las mañanas.
Por supuesto le pedí más detalles: la película es Saint Jack, filmada en Singapur en 1979, con un Ben Gazzara en el tope de su carrera y con un Peter Bogdanovich también en la cima. Monika, para ese entonces, tenía unos 20 añitos. Ella nos contó que se le dio la oportunidad de actuar y actuó (o lo intentó). Y también mencionó que ni bien terminó de rodar la película se dio cuenta que lo suyo no era actuar. Y entonces, Monika dedicó el resto de su carrera laboral al ámbito corporativo y nunca más pisó un set de filmación.

Y ahora, y ya con la anécdota terminada, paso a desglosar la película.
Si he de ser sincera, a Bogdanovich no lo he seguido nunca como director (y además, es un mal actor); pero siempre admiré a Ben Gazzara. La película es, en mi opinión, olvidable. Y el guión es previsible, naive, y que hace agua por todos lados: ¿Quién puede creer que un proxeneta puede ser 'el tío bueno, honrado y honorable' de un grupo de chicas dedicadas al noble oficio de meretriz? ¿Quién puede creer que la mafia china es inofensiva y educada como un angelical niño cantor?

A mi modo de ver, el argumento (basado en la novela del mismo nombre) no tiene sostén ni convicción: si bien la historia contada en la película está ambientada en aquella Singapur de los '70 (que no es la Singapur de ahora); hay cosas que no cuadran, como ser que un yanqui enquilombado intente poner un prostíbulo de alto vuelo con señoritas encapsuladas en el bajo mundo, por un lado; que la mafia china (que es light e inofensiva) le haga algunas zancadillas casi maternales al señor americano; que un señor turbio e inescrupuloso (y sí, adivinaron, Bogdanovich y sus siempre malas actuaciones) intente mediar entre las partes; y como fondo, lo falsamente exótico de Asia y sus gentes. La película no fue creíble en su momento; y menos que menos, ahora.

Pero Gazzara siempre fue Gazzara, en la película está muy bien. El gran Denholm Elliott, que también asomó el pico, actuó fenomenal. Bogdanovich, como ya dije, mal. Y Monika, nuestra invitada (que en el film y en su personaje también se llama Monika), no ha tenido ni tiene dotes para la actuación, y entonces, se lo perdonamos. Menos mal que ella (por suerte para nosotros y nuestra siempre frágil salud mental; y ni qué decir para el resto de la industria cinematográfica) ya no actuó nunca más. 

Monika, te queremos. Te queremos.






J'Accusse (2019)

 J'Accusse es una superproducción extraordinaria del siempre controvertido Roman Polanski estrenada en 2019. Se fue mucho dinero y energías en su puesta, pero vale la pena cada euro y cada segundo que se invirtió en ella. 

Polanski tiene fama de filmar mejor en momentos críticos, de atmósfera mínima, de cámara con objetivo cerrado y estático, y donde los actores deben descarnarse y sacarse las tripas unos a otros. A mi modo de ver, y fruto de su enorme maduración en cuanto a experimentar con otros formatos con más 'aire' y compromiso visual (El Pianista, por ejemplo), Polanski puso toda la carne al asador, quemó todos los cartuchos, se rodeó de su equipo de confianza, y filmó J'Accusse.

J'Accusse está basada en el libro An Officer and a Spy de un amigo de Polanski: Robert Harris. Harris y Polanski ya habían colaborado juntos en The Ghost Writer ( otra película colosal... ). El libro de Harris sobre el que se asienta J'Accusse trata al detalle el escándalo Dreyfus, pero desde la mirada del otro protagonista: el oficial de Inteligencia Georges Picquart, que arriesga todo lo que tiene en su vida para demostrar que Dreyfus es inocente. Y para llegar a esa meta, deberá exponerse, incendiarse y zambullirse en el sumidero de las bajezas humanas más abyectas. Poca ayuda tendrá en ese recorrido doloroso y terrible; aunque Emile Zola y su carta J'Accusse - Zola en esa época era ya famoso y muy polémico, lo que se dice, un mediático de finales del siglo XIX - trate de volver pública la injusticia que pesaba sobre Dreyfus y ayudar a Picquart a rescatarlo de la Isla del Diablo, donde Dreyfus había sido condenado de por vida.

Otras dos perlas de la película: la música sensacional de Alexandre Desplat; y Jean Dujardin en el papel de Picquart - magistral, qué maravilloso actor es Dujardin -. 

Ya sé, ya sé: otra vez nombro a Polanski, y otra vez me desligaré de sus controversias. Y vuelvo a decir lo mismo sobre él, cada vez que me sale la oportunidad: sus problemas judiciales y/o criminales y policiales quedan al margen de su obra. Acá me refiero al artista, al genio y al fenómeno de este gigante del Séptimo Arte; y no me cuelgo de su prontuario. He dicho. 



Cat Women of the Moon (1953)

No sé si llamar a este film 'ciencia ficción', 'fantasía naive', o 'quiero hacer una película y tengo dinero'.

En el Hollywood de la postguerra el boom de las películas de bajo presupuesto fue muy popular (aún hoy lo sigue siendo), y esta cinta mínima se inscribe en ese rango.
De quienes actúan, o el director, no sé.
El responsable de la música sí es conocido: Elmer Bernstein, que fue uno de los compositores de música de películas más importantes del siglo XX.

Sobre el argumento: en la luna viven unas mujeres gato con poderes telepáticos y que son herederas de una cultura milenaria, y, de no creer, una expedición científica de la tierra va a su encuentro. Los terrícolas, cuando no, desean invadir la luna y someterla. Las mujeres gato no se quedan atrás y arman un complot maléfico. Y el resto luego lo verán, lo adivinarán, u olvidarán.

La peli no ha pasado a la historia; creo que hasta sus protagonistas se olvidaron de ella ni bien terminaron de filmar.
Pero acá está nuevamente, a la espera de aquellas mentes sufridas y distendidas que aman el masoquismo cinéfilo.


Nomadland (2020)

Nomadland es una película multipremiada (tiene todos los premios que se les ocurra) de la cineasta china Chloe Zhao.

Que ya me había sorprendido con The Rider, una película de cowboys siglo XXI que ya es de culto.

Zhao, que no es nacida ni criada en USA, y que en realidad ha tenido mas contacto con la cultura británica que con la del Pato Donald, llevaba todas las de perder al momento de encarar ambos proyectos. En The Rider, una producción sencilla y cruda, pero fenomenal, ella le encontró la vuelta al argumento y a los personajes de manera muy natural y firme: hacer que ellos trasciendan la pantalla y se expresen, mas allá incluso de lo que dice el guion.

Nomadland, en algunos aspectos, se parece a The Rider en el hecho de que cuenta una historia chica e íntima. Pero a diferencia de su predecesora, en Nomadland la inmensidad de tonos emocionales es impactante, los fantásticos paisajes son abrumadores; las luces y sombras vivenciales y profundidad de contrastes emocionan hasta lo indecible; y todo ello Zhao lo logra poniendo el foco en las criaturas indescifrables de Nomadland: los vagabundos del desierto, los nómades eternos de ese horizonte interminable que es el centro rústico, rocoso, áspero y los desiertos del medio y sudoeste de USA. Si alguna vez alguno de ustedes cruzó el desierto del Mojave o la ruta 40 en USA los habrá visto: son pequeños grupos de camionetas y utilitarios agrupados bajo el sol incandescente en una tierra en donde por años no llueve.

Y esa es la historia: el desierto, la ruta y sus criaturas. Y aquí entra el guion en el que Fern decide hacerse nómade (la extraordinaria Frances McDormand) luego de dos tragedias que sacuden su vida: quedar viuda y sin trabajo. Y como queriendo y no queriendo ella termina con estos vagabundos compartiendo experiencias, enseñanzas y sueños. Porque no crean... los nómades también sueñan. Y Fern, sin pensarlo y sin esperarlo, encuentra motivos para ser feliz, para disfrutar y experimentar un nuevo amor...
¿ Pero para qué les voy a seguir contando... ?
Muy posiblemente alguno de ustedes la vea y saque sus conclusiones.

A la brillante dirección-guion de Zhao (¿Pero cómo hará esta mujer para absorber de manera tan natural una cultura que no es suya...  ) se suma la ya nombrada McDormand (esposa de uno de los hermanos Coen, si no me equivoco; y en el doble desafío de actuación y producción); el siempre impecable David Strathairn (¿Cómo es que este magnífico actor no es famoso... ? La maldición de los actores de segundo escalón...); y la sorpresa inmensa de un reparto que se completa con nómadas del desierto de verdad, con sus nombres reales y sus camionetas y utilitarios reales.
Y antes que me olvide, deseo contarles que la película está basada en el fabuloso libro Nomadland de la impecable Jessica Bruder. 





Sleepers (1996)

Sleepers es una película clásica, de manual, casi austera, muy bien hecha. Trata sobre unos chicos del barrio Clinton de New York que un día, haciendo cosa de chicos, hacen un desastre. Por jugar una broma a un vendedor ambulante y comer una salchicha gratis estos cuatro chicos arruinan sus vidas para siempre. Son condenados a ir a un reformatorio donde son sometidos a las peores vejaciones, humillaciones y tormentos. Y para peor, la venganza, la vendetta, el mal vivir y la frustración pasan a regir la vida adulta de dos de ellos sin que no haya nada ni nadie que los pueda cambiar o mejorar. Los otros dos muchachos sí logran tener vidas ´honestas´, pero en el fondo la revancha y las ganas de dar a conocer los suplicios que sufrieron en su infancia hace que se metan en terreno pantanoso y lleno de problemas.

En cuanto al director, Barry Levinson, es el mismo de películas famosas como Tootsie, Rain Man o BugsyLevinson es un director, que a mi modo de ver, ha tenido una carrera que ha ido de mayor a menor.
En el elenco de Sleepers hay grandes nombres y con actuaciones discretas: Robert De Niro, Kevin Bacon, Brad Pitt, Vittorio Gassman y Dustin Hoffman.



Una de Rancheras...

En la nota anterior en este mismo blog comenté a grandes rasgos qué es un Corrido y cuáles son sus características.

https://cinemandmusicecleticreview.blogspot.com/2026/09/corridos-una-historia-con-mil-historias.html

Pues el Corrido, con toda su energía y sus cadencias, es hijo directo de las Rancheras.
Por supuesto, la palabra "Ranchera" refiere al rancho, donde los peones y empleados del campo se juntaban luego de largas horas de trabajo a comer, cantar y bailar. La Ranchera es un género muy anterior al Corrido, su origen se remonta al siglo XVIII y a la propagación de grandes haciendas ganaderas y agrícolas por el actual suelo mexicano. Los temas de las Rancheras, pasadas y actuales, suelen ser historias del campo, leyendas, amores, venganzas, duelos, tristezas, declaraciones de amor.

Desde principios del siglo XX la Ranchera y el Corrido, con un lazo común en su musicalidad y de divulgación histórica, dividen caminos. Hoy día se asocia a la Ranchera con la tradición, Los Charros y Jalisco; y a los Corridos con una expresión más dinámica, mutante, actual y popular.

Rancheras hay miles, con lo que les gusta cantar y tocar música a los mexicanos.
Hay Rancheras románticas, valseadas, lentas o con mucho ritmo. Casi que para todos los gustos.
Pero a mí, qué quieren que les diga, me gustan las rancheras tradicionales, como "México Lindo y Querido" cantada por Jorge Negrete.



Corridos, una historia con mil historias

Posiblemente alguno de ustedes que no esté familiarizado con la cultura mexicana crea que los Corridos se limitan a los ya famosos y mercadotécnicos narco Corridos.

Pues no es así.
Los Corridos son parte troncal de la cultura musical de México.
Nacen con la necesidad de contar historias, y vaya qué historias: revoluciones, batallas, héroes, hazañas épicas, aventuras, personajes de época, amores, mujeres valerosas, venganzas.

No sé si el corrido tiene, por decirlo así, un certificado de nacimiento.
Pero sé que aparecieron ya en el siglo XIX, contando la cotidianeidad de la guerra, la vida en la hacienda, el amor, la pasión y las desventuras de este maravilloso pueblo.

Por supuesto, el Corrido Tradicional del siglo XIX fue mutando y cambiando temática conforme fue pasando el tiempo; por ejemplo, a fines del siglo XX nace el Corrido con algunos toques de rock o pop; y ya en 1970 aparece una variante singular: el narco Corrido. 

El Corrido es un género que muta, se reinventa, y se alimenta de otras fuentes musicales, culturales, estilísticas y generacionales, y así es como en este tercer milenio ya tenemos Corrido Rap, Corrido Hip Hop, el Electrónico y otras mezclas. Todas las variaciones del Corrido, por supuesto, conservan la idea-matriz: contar historias.

Aquí deseo hacer honor a un Corrido Tradicional Mexicano, el famosísimo "Adelita":




I can see clearly now, mi canción favorita de Johnny Nash

Tuve el simple I can see clearly now de Johnny Nash en mi adolescencia, lo pasaba y pasaba en mi tocadiscos sin parar.

Tuve ese simple hasta que fue imposible escucharlo con claridad. El simple terminó rallado e inaudible.
I can see clearly now, en mi opinión, es un temazo, de lo mejor de Johnny Nash.

Un misterio para mí: ¿ Por qué, aún en 2026, se empeñan en ligar a Nash con el reggae clásico... ?
Porque siempre lo vi influenciado pero no pegado a esa música, aún en los covers que hizo de Bob Marley.
Nash hizo muchos covers de reggae, es verdad. Y en ellos ponía mucho Blues y Soul, melodías y estribillos mucho más cercanos a la música creole y folclore de USA, y por lo tanto, y muy lejos del clásico reggae.
Quizás la vinculación fuerte con el reggae viene por haber sido uno de los dueños de JAD, el estudio de grabación y productora que tanto hizo para difundir el reggae por el mundo entero.



Sirat (2025)

Sirat llegó a mi vida de forma casual. Mi marido y yo estábamos volando de vuelta a casa, en una aerolínea que no merece nombrarse. El menú de películas de vuelo no prometía mucho, y la travesía del atlántico me arrugaba el corazón y mis ganas de terminar mi lectura (The Golden Notebook de Doris Lessing) cuya lectura estaba empantanada en la página 599 y que debería haber concluido en la 635 si no hubiese sido porque mi compañera de asiento (señora mayor, y con poco sentido del humor) me obligó a apagar mi luz de asiento una vez terminado el servicio de comida. Así las cosas, empecé a juguetear con la pantalla delante mío (que dicho sea de paso, emite más luz que la inocente lamparilla del panel central) de derecha a izquierda, sin saber qué elegir. Y no sé si me van a creer o no (posiblemente, no) pero de pronto veo aparecer por mi flanco derecho el alargadísimo dedo indubitablemente índice lleno de anillos góticos que me señalaba la imagen de la película Sirat. Me di vuelta, y allí estaba parada la azafata que oficiaba de jefa de cabina. Jefa de cabina inusual, ya que ni bien subimos al avión descubrí que la señora y yo somos del mismo inexistente club de féminas rotas, raras y bordes. La aeromoza, que calculo estaría ya en sus setentas (y todavía volando) no solamente usaba anillos góticos (aunque luego, y ya con más luz, identifiqué como anillos punk) sino también aros distintos (como yo), zapatos de diferente color (como yo), un corte de pelo asimétrico (como el mío) y una manera de escudriñar la cabina del avión que más tenía que ver con la de salir de cacería humana que con brindar servicio de a bordo. Esta es una de las mías, pensé. Y no me equivoqué. 

Como les conté, el dedo de la sutil azafata apuntó sin dudas a la película Sirat. Y con un movimiento de cabeza agradecí, y la señora, sin decir palabra, dio media vuelta y volvió a su cuartel general en algún lugar del avión.  Y vi Sirat, y vi Sirat, y vi Sirat. Tres veces ví Sirat en el avión, y me quedaron ganas de verla otra vez. Y por eso la vi unas veinte veces más. Gracias azafata borde, te debo una.

Sirat es una película en la que se cuenta y descuenta la historia de un padre español desesperado por encontrar a su hija en una Marruecos agitada por zozobras militares en las que se mezclan camiones, desierto, pérdidas, desgracias, música electrónica de la mejor, amor, desolación, alquimia, desentendidos, explosiones y meandros místicos derivados de alucinaciones y trances logrados a propósito. No les contaré nada más porque deseo que la busquen y vean. Y que viajen con ella, a través de la desmesura. 

Como dato técnico de Sirat, les comento que la dirigió, produjo y escribió el enfant terrible Oliver Laxe (también tuvo el lujazo de que los Almodobar pongan sus monedas); y protagonizó nada más ni nada menos que el enorme e indiscutido Sergi López, que no importa lo que haga, todo lo hace bien. Curiosamente, el resto del elenco no son actores sino cultures ravers de la vida real, y eso tiene una importancia majestuosa. Y ni qué decir de la extraordinaria banda de sonido, impecablemente a cargo del DJ francés David Lettelier aka Kangding Ray.

Pero ojo, que este film no es para cualquiera. Si ustedes no están preparados para hundirse en una orgía visual austera y ocre, si no les gusta la música electrónica, si no les gusta los saltos argumentales ni las astucias de guión, si no les gustan las tribus urbanas, o de desierto, o de los abismos, Sirat los derribará con un golpe en la sien. Después no digan que no les avisé.




Titane (2021)

Titane (2021) es una película francesa que me voló los sesos. La trama es complicada de contar, pero trataré de hacerlo en una sola oración (y sí, soy valiente): Alexia es una asesina serial que tiene una placa de titanio en la cabeza y que queda embarazada de un Cadillac (sí, como lo leyeron) y se hace pasar por el hijo perdido de un bombero pichicateado que le da cobijo aún cuando sabe que no es su hijo; y así de retorcida es toda la película. Lo que me gustó de Titane fue la manera de contar la desmesura, exorbitancia y el no límite aplicado al simbolismo primitivo residual de la posmodernidad y los metalenguajes urbanos. A esta película la ví una sola vez, y fue suficiente. Pero el impacto que me causó me perseguirá hasta el juicio final.

Julia Ducournau escribió y dirigió esta inclasificable (nivel joya) Titane, y la protagonizó una dupla muy sólida y sin fisuras: Agathe Rousselle (de quién no sabía existencia); y el siempre efectivo, buen mozo y carismático Vincent Lindon, el rebelde aristócrata francés que ha elevado al cine galo hasta el infinito. Este film ha ganado la Palma de Oro en el festival de Cannes (que no es moco de pavo); y su directora e intérpretes han recibido múltiples nominaciones y premios a lo largo y ancho del planeta.

Anímense, la película vale la pena.





L'Effondrement (2019)

L'Effondrement es una miniserie francesa de ocho capítulos que se estrenó, sin mal no me acuerdo, en 2019. Los capítulos están todos filmados en plano secuencia (que duran de diez a veinte minutos cada uno, aproximadamente) y la trama no puede ser más brutal: y de pronto se va la luz, para nunca más volver, y sálvese quién pueda. En L'Effondrement el colapso y la anomia llegaron para quedarse; todos estamos metidos en el mismo brodo.

Lo increíble del asunto alrededor de L'Effondrement (en su traducción, El Colapso), es que es puro y duro cine de anticipación, y sino, me remito a un solo ejemplo: en 2025 la luz se fue por completo durante horas en la península ibérica y nada ni nadie pudo hacer nada por ello. Más allá de las teorías conspirativas y de las hipótesis disparatadas sobre qué pasó en realidad con ese enorme apagón, difícil es no asociar esta miniserie con ese episodio tan turbio y angustiante y que nadie había anticipado ni calculado. Aunque no lo crean, en pleno 2026 la luz se corta mucho más frecuente y seguido en países super desarrollados en los que eso no sucedía; el cambio climático está haciendo estragos en la mitad del planeta, y raros signos de anomia social y caos tecnológico nos acechan como nunca.

Detrás de la producción de esta miniserie está el respaldo del gigante francés Canal +, y los alma mater, creadores y directores de los capítulos fueron Jérémy Bernard, Guillaume Desjardins y Bastien Ughetto, todos ellos integrantes del colectivo creativo Les Parasites y también responsables del famoso canal de Youtube Thinkerview.

Siempre que puedo hablo sobre L'Effondrement, sobre todo porque me parece que hay mucha gente que no sabe la que se nos viene. Si pueden, véanla.