J'Accusse (2019)

 J'Accusse es una superproducción extraordinaria del siempre controvertido Roman Polanski estrenada en 2019. Se fue mucho dinero y energías en su puesta, pero vale la pena cada euro y cada segundo que se invirtió en ella. 

Polanski tiene fama de filmar mejor en momentos críticos, de atmósfera mínima, de cámara con objetivo cerrado y estático, y donde los actores deben descarnarse y sacarse las tripas unos a otros. A mi modo de ver, y fruto de su enorme maduración en cuanto a experimentar con otros formatos con más 'aire' y compromiso visual (El Pianista, por ejemplo), Polanski puso toda la carne al asador, quemó todos los cartuchos, se rodeó de su equipo de confianza, y filmó J'Accusse.

J'Accusse está basada en el libro An Officer and a Spy de un amigo de Polanski: Robert Harris. Harris y Polanski ya habían colaborado juntos en The Ghost Writer ( otra película colosal... ). El libro de Harris sobre el que se asienta J'Accusse trata al detalle el escándalo Dreyfus, pero desde la mirada del otro protagonista: el oficial de Inteligencia Georges Picquart, que arriesga todo lo que tiene en su vida para demostrar que Dreyfus es inocente. Y para llegar a esa meta, deberá exponerse, incendiarse y zambullirse en el sumidero de las bajezas humanas más abyectas. Poca ayuda tendrá en ese recorrido doloroso y terrible; aunque Emile Zola y su carta J'Accusse - Zola en esa época era ya famoso y muy polémico, lo que se dice, un mediático de finales del siglo XIX - trate de volver pública la injusticia que pesaba sobre Dreyfus y ayudar a Picquart a rescatarlo de la Isla del Diablo, donde Dreyfus había sido condenado de por vida.

Otras dos perlas de la película: la música sensacional de Alexandre Desplat; y Jean Dujardin en el papel de Picquart - magistral, qué maravilloso actor es Dujardin -. 

Ya sé, ya sé: otra vez nombro a Polanski, y otra vez me desligaré de sus controversias. Y vuelvo a decir lo mismo sobre él, cada vez que me sale la oportunidad: sus problemas judiciales y/o criminales y policiales quedan al margen de su obra. Acá me refiero al artista, al genio y al fenómeno de este gigante del Séptimo Arte; y no me cuelgo de su prontuario. He dicho. 



Cat Women of the Moon (1953)

No sé si llamar a este film 'ciencia ficción', 'fantasía naive', o 'quiero hacer una película y tengo dinero'.

En el Hollywood de la postguerra el boom de las películas de bajo presupuesto fue muy popular (aún hoy lo sigue siendo), y esta cinta mínima se inscribe en ese rango.
De quienes actúan, o el director, no sé.
El responsable de la música sí es conocido: Elmer Bernstein, que fue uno de los compositores de música de películas más importantes del siglo XX.

Sobre el argumento: en la luna viven unas mujeres gato con poderes telepáticos y que son herederas de una cultura milenaria, y, de no creer, una expedición científica de la tierra va a su encuentro. Los terrícolas, cuando no, desean invadir la luna y someterla. Las mujeres gato no se quedan atrás y arman un complot maléfico. Y el resto luego lo verán, lo adivinarán, u olvidarán.

La peli no ha pasado a la historia; creo que hasta sus protagonistas se olvidaron de ella ni bien terminaron de filmar.
Pero acá está nuevamente, a la espera de aquellas mentes sufridas y distendidas que aman el masoquismo cinéfilo.


Nomadland (2020)

Nomadland es una película multipremiada (tiene todos los premios que se les ocurra) de la cineasta china Chloe Zhao.

Que ya me había sorprendido con The Rider, una película de cowboys siglo XXI que ya es de culto.

Zhao, que no es nacida ni criada en USA, y que en realidad ha tenido mas contacto con la cultura británica que con la del Pato Donald, llevaba todas las de perder al momento de encarar ambos proyectos. En The Rider, una producción sencilla y cruda, pero fenomenal, ella le encontró la vuelta al argumento y a los personajes de manera muy natural y firme: hacer que ellos trasciendan la pantalla y se expresen, mas allá incluso de lo que dice el guion.

Nomadland, en algunos aspectos, se parece a The Rider en el hecho de que cuenta una historia chica e íntima. Pero a diferencia de su predecesora, en Nomadland la inmensidad de tonos emocionales es impactante, los fantásticos paisajes son abrumadores; las luces y sombras vivenciales y profundidad de contrastes emocionan hasta lo indecible; y todo ello Zhao lo logra poniendo el foco en las criaturas indescifrables de Nomadland: los vagabundos del desierto, los nómades eternos de ese horizonte interminable que es el centro rústico, rocoso, áspero y los desiertos del medio y sudoeste de USA. Si alguna vez alguno de ustedes cruzó el desierto del Mojave o la ruta 40 en USA los habrá visto: son pequeños grupos de camionetas y utilitarios agrupados bajo el sol incandescente en una tierra en donde por años no llueve.

Y esa es la historia: el desierto, la ruta y sus criaturas. Y aquí entra el guion en el que Fern decide hacerse nómade (la extraordinaria Frances McDormand) luego de dos tragedias que sacuden su vida: quedar viuda y sin trabajo. Y como queriendo y no queriendo ella termina con estos vagabundos compartiendo experiencias, enseñanzas y sueños. Porque no crean... los nómades también sueñan. Y Fern, sin pensarlo y sin esperarlo, encuentra motivos para ser feliz, para disfrutar y experimentar un nuevo amor...
¿ Pero para qué les voy a seguir contando... ?
Muy posiblemente alguno de ustedes la vea y saque sus conclusiones.

A la brillante dirección-guion de Zhao (¿Pero cómo hará esta mujer para absorber de manera tan natural una cultura que no es suya...  ) se suma la ya nombrada McDormand (esposa de uno de los hermanos Coen, si no me equivoco; y en el doble desafío de actuación y producción); el siempre impecable David Strathairn (¿Cómo es que este magnífico actor no es famoso... ? La maldición de los actores de segundo escalón...); y la sorpresa inmensa de un reparto que se completa con nómadas del desierto de verdad, con sus nombres reales y sus camionetas y utilitarios reales.
Y antes que me olvide, deseo contarles que la película está basada en el fabuloso libro Nomadland de la impecable Jessica Bruder. 





Sleepers (1996)

Sleepers es una película clásica, de manual, casi austera, muy bien hecha. Trata sobre unos chicos del barrio Clinton de New York que un día, haciendo cosa de chicos, hacen un desastre. Por jugar una broma a un vendedor ambulante y comer una salchicha gratis estos cuatro chicos arruinan sus vidas para siempre. Son condenados a ir a un reformatorio donde son sometidos a las peores vejaciones, humillaciones y tormentos. Y para peor, la venganza, la vendetta, el mal vivir y la frustración pasan a regir la vida adulta de dos de ellos sin que no haya nada ni nadie que los pueda cambiar o mejorar. Los otros dos muchachos sí logran tener vidas ´honestas´, pero en el fondo la revancha y las ganas de dar a conocer los suplicios que sufrieron en su infancia hace que se metan en terreno pantanoso y lleno de problemas.

En cuanto al director, Barry Levinson, es el mismo de películas famosas como Tootsie, Rain Man o BugsyLevinson es un director, que a mi modo de ver, ha tenido una carrera que ha ido de mayor a menor.
En el elenco de Sleepers hay grandes nombres y con actuaciones discretas: Robert De Niro, Kevin Bacon, Brad Pitt, Vittorio Gassman y Dustin Hoffman.



Una de Rancheras...

En la nota anterior en este mismo blog comenté a grandes rasgos qué es un Corrido y cuáles son sus características.

https://cinemandmusicecleticreview.blogspot.com/2026/09/corridos-una-historia-con-mil-historias.html

Pues el Corrido, con toda su energía y sus cadencias, es hijo directo de las Rancheras.
Por supuesto, la palabra "Ranchera" refiere al rancho, donde los peones y empleados del campo se juntaban luego de largas horas de trabajo a comer, cantar y bailar. La Ranchera es un género muy anterior al Corrido, su origen se remonta al siglo XVIII y a la propagación de grandes haciendas ganaderas y agrícolas por el actual suelo mexicano. Los temas de las Rancheras, pasadas y actuales, suelen ser historias del campo, leyendas, amores, venganzas, duelos, tristezas, declaraciones de amor.

Desde principios del siglo XX la Ranchera y el Corrido, con un lazo común en su musicalidad y de divulgación histórica, dividen caminos. Hoy día se asocia a la Ranchera con la tradición, Los Charros y Jalisco; y a los Corridos con una expresión más dinámica, mutante, actual y popular.

Rancheras hay miles, con lo que les gusta cantar y tocar música a los mexicanos.
Hay Rancheras románticas, valseadas, lentas o con mucho ritmo. Casi que para todos los gustos.
Pero a mí, qué quieren que les diga, me gustan las rancheras tradicionales, como "México Lindo y Querido" cantada por Jorge Negrete.



Corridos, una historia con mil historias

Posiblemente alguno de ustedes que no esté familiarizado con la cultura mexicana crea que los Corridos se limitan a los ya famosos y mercadotécnicos narco Corridos.

Pues no es así.
Los Corridos son parte troncal de la cultura musical de México.
Nacen con la necesidad de contar historias, y vaya qué historias: revoluciones, batallas, héroes, hazañas épicas, aventuras, personajes de época, amores, mujeres valerosas, venganzas.

No sé si el corrido tiene, por decirlo así, un certificado de nacimiento.
Pero sé que aparecieron ya en el siglo XIX, contando la cotidianeidad de la guerra, la vida en la hacienda, el amor, la pasión y las desventuras de este maravilloso pueblo.

Por supuesto, el Corrido Tradicional del siglo XIX fue mutando y cambiando temática conforme fue pasando el tiempo; por ejemplo, a fines del siglo XX nace el Corrido con algunos toques de rock o pop; y ya en 1970 aparece una variante singular: el narco Corrido. 

El Corrido es un género que muta, se reinventa, y se alimenta de otras fuentes musicales, culturales, estilísticas y generacionales, y así es como en este tercer milenio ya tenemos Corrido Rap, Corrido Hip Hop, el Electrónico y otras mezclas. Todas las variaciones del Corrido, por supuesto, conservan la idea-matriz: contar historias.

Aquí deseo hacer honor a un Corrido Tradicional Mexicano, el famosísimo "Adelita":




I can see clearly now, mi canción favorita de Johnny Nash

Tuve el simple I can see clearly now de Johnny Nash en mi adolescencia, lo pasaba y pasaba en mi tocadiscos sin parar.

Tuve ese simple hasta que fue imposible escucharlo con claridad. El simple terminó rallado e inaudible.
I can see clearly now, en mi opinión, es un temazo, de lo mejor de Johnny Nash.

Un misterio para mí: ¿ Por qué, aún en 2026, se empeñan en ligar a Nash con el reggae clásico... ?
Porque siempre lo vi influenciado pero no pegado a esa música, aún en los covers que hizo de Bob Marley.
Nash hizo muchos covers de reggae, es verdad. Y en ellos ponía mucho Blues y Soul, melodías y estribillos mucho más cercanos a la música creole y folclore de USA, y por lo tanto, y muy lejos del clásico reggae.
Quizás la vinculación fuerte con el reggae viene por haber sido uno de los dueños de JAD, el estudio de grabación y productora que tanto hizo para difundir el reggae por el mundo entero.



Sirat (2025)

Sirat llegó a mi vida de forma casual. Mi marido y yo estábamos volando de vuelta a casa, en una aerolínea que no merece nombrarse. El menú de películas de vuelo no prometía mucho, y la travesía del atlántico me arrugaba el corazón y mis ganas de terminar mi lectura (The Golden Notebook de Doris Lessing) cuya lectura estaba empantanada en la página 599 y que debería haber concluido en la 635 si no hubiese sido porque mi compañera de asiento (señora mayor, y con poco sentido del humor) me obligó a apagar mi luz de asiento una vez terminado el servicio de comida. Así las cosas, empecé a juguetear con la pantalla delante mío (que dicho sea de paso, emite más luz que la inocente lamparilla del panel central) de derecha a izquierda, sin saber qué elegir. Y no sé si me van a creer o no (posiblemente, no) pero de pronto veo aparecer por mi flanco derecho el alargadísimo dedo indubitablemente índice lleno de anillos góticos que me señalaba la imagen de la película Sirat. Me di vuelta, y allí estaba parada la azafata que oficiaba de jefa de cabina. Jefa de cabina inusual, ya que ni bien subimos al avión descubrí que la señora y yo somos del mismo inexistente club de féminas rotas, raras y bordes. La aeromoza, que calculo estaría ya en sus setentas (y todavía volando) no solamente usaba anillos góticos (aunque luego, y ya con más luz, identifiqué como anillos punk) sino también aros distintos (como yo), zapatos de diferente color (como yo), un corte de pelo asimétrico (como el mío) y una manera de escudriñar la cabina del avión que más tenía que ver con la de salir de cacería humana que con brindar servicio de a bordo. Esta es una de las mías, pensé. Y no me equivoqué. 

Como les conté, el dedo de la sutil azafata apuntó sin dudas a la película Sirat. Y con un movimiento de cabeza agradecí, y la señora, sin decir palabra, dio media vuelta y volvió a su cuartel general en algún lugar del avión.  Y vi Sirat, y vi Sirat, y vi Sirat. Tres veces ví Sirat en el avión, y me quedaron ganas de verla otra vez. Y por eso la vi unas veinte veces más. Gracias azafata borde, te debo una.

Sirat es una película en la que se cuenta y descuenta la historia de un padre español desesperado por encontrar a su hija en una Marruecos agitada por zozobras militares en las que se mezclan camiones, desierto, pérdidas, desgracias, música electrónica de la mejor, amor, desolación, alquimia, desentendidos, explosiones y meandros místicos derivados de alucinaciones y trances logrados a propósito. No les contaré nada más porque deseo que la busquen y vean. Y que viajen con ella, a través de la desmesura. 

Como dato técnico de Sirat, les comento que la dirigió, produjo y escribió el enfant terrible Oliver Laxe (también tuvo el lujazo de que los Almodobar pongan sus monedas); y protagonizó nada más ni nada menos que el enorme e indiscutido Sergi López, que no importa lo que haga, todo lo hace bien. Curiosamente, el resto del elenco no son actores sino cultures ravers de la vida real, y eso tiene una importancia majestuosa. Y ni qué decir de la extraordinaria banda de sonido, impecablemente a cargo del DJ francés David Lettelier aka Kangding Ray.

Pero ojo, que este film no es para cualquiera. Si ustedes no están preparados para hundirse en una orgía visual austera y ocre, si no les gusta la música electrónica, si no les gusta los saltos argumentales ni las astucias de guión, si no les gustan las tribus urbanas, o de desierto, o de los abismos, Sirat los derribará con un golpe en la sien. Después no digan que no les avisé.




Titane (2021)

Titane (2021) es una película francesa que me voló los sesos. La trama es complicada de contar, pero trataré de hacerlo en una sola oración (y sí, soy valiente): Alexia es una asesina serial que tiene una placa de titanio en la cabeza y que queda embarazada de un Cadillac (sí, como lo leyeron) y se hace pasar por el hijo perdido de un bombero pichicateado que le da cobijo aún cuando sabe que no es su hijo; y así de retorcida es toda la película. Lo que me gustó de Titane fue la manera de contar la desmesura, exorbitancia y el no límite aplicado al simbolismo primitivo residual de la posmodernidad y los metalenguajes urbanos. A esta película la ví una sola vez, y fue suficiente. Pero el impacto que me causó me perseguirá hasta el juicio final.

Julia Ducournau escribió y dirigió esta inclasificable (nivel joya) Titane, y la protagonizó una dupla muy sólida y sin fisuras: Agathe Rousselle (de quién no sabía existencia); y el siempre efectivo, buen mozo y carismático Vincent Lindon, el rebelde aristócrata francés que ha elevado al cine galo hasta el infinito. Este film ha ganado la Palma de Oro en el festival de Cannes (que no es moco de pavo); y su directora e intérpretes han recibido múltiples nominaciones y premios a lo largo y ancho del planeta.

Anímense, la película vale la pena.





L'Effondrement (2019)

L'Effondrement es una miniserie francesa de ocho capítulos que se estrenó, sin mal no me acuerdo, en 2019. Los capítulos están todos filmados en plano secuencia (que duran de diez a veinte minutos cada uno, aproximadamente) y la trama no puede ser más brutal: y de pronto se va la luz, para nunca más volver, y sálvese quién pueda. En L'Effondrement el colapso y la anomia llegaron para quedarse; todos estamos metidos en el mismo brodo.

Lo increíble del asunto alrededor de L'Effondrement (en su traducción, El Colapso), es que es puro y duro cine de anticipación, y sino, me remito a un solo ejemplo: en 2025 la luz se fue por completo durante horas en la península ibérica y nada ni nadie pudo hacer nada por ello. Más allá de las teorías conspirativas y de las hipótesis disparatadas sobre qué pasó en realidad con ese enorme apagón, difícil es no asociar esta miniserie con ese episodio tan turbio y angustiante y que nadie había anticipado ni calculado. Aunque no lo crean, en pleno 2026 la luz se corta mucho más frecuente y seguido en países super desarrollados en los que eso no sucedía; el cambio climático está haciendo estragos en la mitad del planeta, y raros signos de anomia social y caos tecnológico nos acechan como nunca.

Detrás de la producción de esta miniserie está el respaldo del gigante francés Canal +, y los alma mater, creadores y directores de los capítulos fueron Jérémy Bernard, Guillaume Desjardins y Bastien Ughetto, todos ellos integrantes del colectivo creativo Les Parasites y también responsables del famoso canal de Youtube Thinkerview.

Siempre que puedo hablo sobre L'Effondrement, sobre todo porque me parece que hay mucha gente que no sabe la que se nos viene. Si pueden, véanla.




I don't feel at home in this world anymore (2017)

Este film me lo recomendó un amigo cinéfilo. Y la ví. ¿Qué decirles con respecto a ella? La película es maravillosa. 

El film es filoso, crudo, por momentos comedia negra; por momentos drama atenuado; y por otros momentos de un absurdo que hace brincar carcajadas mientras algunos personajes mueren y otros descubren que la vida es dura, muy dura. La película es kitsch, es apocalíptica, es inusual, es para estómagos y mentes que no tienen prejuicios.

La peli corrió por cuenta de Macon Blair, a quién conocía como actor, pero no como director. En los protagónicos están el impecable Elijah Wood y la naciente estrella neozelandesa Melanie Lynskey.
A la Lynskey hay que seguirla de cerca: esta mujer viene de aquellas islas remotas con un talento gigante y habrá que ver cómo maneja su carrera en USA. Ya saben: con el talento no alcanza.

¿ De qué trata la película... ? Desencanto, frustración, negación, rencor, venganza, sed de aventura policial, contradicción, desidia y maltrato. Todo ello con un final apocalíptico. En la trama anti trama (que no les contaré, aunque parezca que sí) una señora sola, mediocre, alcohólica, aburrida y tonta cree que, a causa de un atraco en su propia casa, al fin ha encontrado a su medio pomelo, su medio kinoto. Pero está equivocada. El tipo es otro perdedor a tiempo completo, como ella. Dos que no hacen uno. Y eso los llevará al desastre.




Sitar Metal & Rishabh Seen: rock pesado para oídos entrenados en música de la India

Rishabh Seen pertenece a una distinguida casta de músicos de la India, todos ellos de una excelencia inigualable.
Rishabh es un muchacho muy talentoso, un prestigioso ejecutante del sitar, y es quizás la rigidez del aprendizaje con la que se lo han forzado a amar el instrumento que hace que Seen suene pulido y con mucho cuerpo y volumen. Seen toca música tradicional de la India, pero también se anima con otros géneros, como el rock y el metal.
Seen tiene (o ha tenido) una banda llamada Sitar Metal, en la que, obviamente, tocan temas de metal (tanto propios como covers).
Para muestra, un botón.


Boodywood, metal de la India por fuera del metal

Descubrí hace unos años a esta banda de la India por casualidad.

Según ellos, hacen como "muchascosasmezcladasconmetal".
Metal con Rap, Metal con Street, Metal con Indi, Metal con Metal, Metal con Garage; Metal con Nu, Metalcore, Folk Metal, Metal Trash. Metal con tal y Metal con cual.
Creo que tienen un estilo y sonido muy característico, muy callejero. Pero no son, lo que se dice, santos de mi devoción.
En Youtube pueden encontrar casi todo su material, desde las "parodias" en lo que ellos dicen que hacen " risas" de temas de occidente, y también parodias de temas tradicionales de la India. 
Si se animan a un metal fuera del metal.