I don't feel at home in this world anymore (2017)

Este film me lo recomendó un amigo cinéfilo. Y la ví. ¿Qué decirles con respecto a ella? La película es maravillosa. 

El film es filoso, crudo, por momentos comedia negra; por momentos drama atenuado; y por otros momentos de un absurdo que hace brincar carcajadas mientras algunos personajes mueren y otros descubren que la vida es dura, muy dura. La película es kitsch, es apocalíptica, es inusual, es para estómagos y mentes que no tienen prejuicios.

La peli corrió por cuenta de Macon Blair, a quién conocía como actor, pero no como director. En los protagónicos están el impecable Elijah Wood y la naciente estrella neozelandesa Melanie Lynskey.
A la Lynskey hay que seguirla de cerca: esta mujer viene de aquellas islas remotas con un talento gigante y habrá que ver cómo maneja su carrera en USA. Ya saben: con el talento no alcanza.

¿ De qué trata la película... ? Desencanto, frustración, negación, rencor, venganza, sed de aventura policial, contradicción, desidia y maltrato. Todo ello con un final apocalíptico. En la trama anti trama (que no les contaré, aunque parezca que sí) una señora sola, mediocre, alcohólica, aburrida y tonta cree que, a causa de un atraco en su propia casa, al fin ha encontrado a su medio pomelo, su medio kinoto. Pero está equivocada. El tipo es otro perdedor a tiempo completo, como ella. Dos que no hacen uno. Y eso los llevará al desastre.




Sitar Metal & Rishabh Seen: música metálica para oídos entrenados en música de la India

Rishabh Seen pertenece a una distinguida casta de músicos de la India, todos ellos de una excelencia inigualable.
Rishabh es un muchacho muy talentoso, un prestigioso ejecutante del sitar, y es quizás la rigidez del aprendizaje con la que se lo han forzado a amar el instrumento que hace que Seen suene pulido y con mucho cuerpo y volumen. Seen toca música tradicional de la India, pero también se anima con otros géneros, como el rock y el metal.
Seen tiene (o ha tenido) una banda llamada Sitar Metal, en la que, obviamente, tocan temas de metal (tanto propios como covers).
Para muestra, un botón.


Boodywood, metal de la India por fuera del metal

Descubrí hace unos años a esta banda de la India por casualidad.

Según ellos, hacen como "muchascosasmezcladasconmetal".
Metal con Rap, Metal con Street, Metal con Indi, Metal con Metal, Metal con Garage; Metal con Nu, Metalcore, Folk Metal, Metal Trash. Metal con tal y Metal con cual.
Creo que tienen un estilo y sonido muy característico, muy callejero. Pero no son, lo que se dice, santos de mi devoción.
En Youtube pueden encontrar casi todo su material, desde las "parodias" en lo que ellos dicen que hacen " risas" de temas de occidente, y también parodias de temas tradicionales de la India. 
Si se animan a un metal fuera del metal.



Clown Core, avant garde de cabotaje. Y después, que estalle el planeta

Como mis gustos y no gustos musicales son muy eclécticos y en general escucho hasta aquello que no me gusta, pues entre lo que no me gusta pero cada tanto escucho está el Hardcore y el Metal.

Y dentro del Hardcore, o el Metal y sus descendientes o fuera de ellos y de todo el resto de los géneros musicales están los chicos de Clown Core, dúo raro si los hay.
Que no me queda claro si Clown Core es una broma, un homenaje, una pantomima o si en verdad ellos han empezado a plantear esta ¿alternativa musical? de manera borde y catatónica en un mundo en el que todo se toma muy en serio y el cabotaje es una mala palabra. ¿Quién dijo que el avant garde está muerto? Mamarrachos del universo, lectores míos, no se me desparramen, que no terminé de explicar nada. Aunque, la verdad, no hay nada para explicar.

Los enigmáticos integrantes del dúo subieron varios videos a Youtube, y en ellos siempre aparecen con máscaras de payaso, en overol, y haciendo música dentro de una camioneta o un baño químico. El dúo utiliza para sus performances dos instrumentos musicales tradicionales, batería y saxo, mas sintetizadores, teclados y varios efectos de ambientación y cocoliche.

Estos dos payasos-músicos tienen probable nombre y apellido. La enorme mayoría de sus colegas creen que Clown Core está conformado por Louis Cole, baterista y fundador del grupo de acid jazz Knower; y Sam Gendel, saxofonista y productor musical que ha colaborado activamente con la misma banda Knower. 

¿Vieron? Todo queda dentro de Knower, o fuera de ella. 







Mas, que nada, mi canción preferida de Sergio Mendes

Les traigo a la palestra a Sergio Mendes, uno de los intérpretes brasileños más famosos y prestigiosos del siglo XX, y músico fundamental de la música popular del país de la caipirinha y la bossa nova. 

Su fama, fundamentalmente, se debe al arrasador éxito que fue (y sigue siendo) Mas, que nada, canción compuesta por Jorge Ben en los '60 pero que popularizó en el mundo entero Mendes y su grupo Brasil 66. Es muy paradójico que siendo Mendes un gran compositor su mayor éxito no haya sido un tema de su autoría.
Son cosas que pasan.



Carnage (2011)

Durante mucho tiempo la pieza de teatro Art, de Yasmina Reza, fue obra teatral favorita. Creo haberla visto unas 10 veces, o mas. Reza es una mujer muy inteligente, y conoce el alma y las inquietudes humanas contemporáneas como pocos. Creo que sus piezas teatrales son muy inteligentes, escrutadoras, crudas, y algo extremas.

Reza, en mi muy humilde opinión, tiene una particular destreza: sabe cómo hacer que sus personajes discutan y se enreden en 'la nada' y queden desnudos frente al espectador sacándose los ojos por nimiedades y tonterías. Esa sensación me pasó cuando también vi la obra de teatro Carnage.
Carnage es teatro 100 x 100 ácido, visceral, hipócrita hasta la médula, muy de humor sin humor: uno se ríe, pero tiene ganas de llorar.

En 2011 Reza y Polanski adaptaron la obra de teatro Carnage a formato cine. La protagonizaron 4 monstruos: el fenomenal Christoph Waltz (el mejor actor europeo de la actualidad); Jodie Foster; Kate Winslet; y el impecable John Reilly.
Para el que no conoce el argumento de la pieza teatral y su adaptación al cine, paso a contarles, sucintamente: dos parejas se encuentran en un departamento, ambas tratando de limar asperezas luego que el hijo de la pareja invitada le propinara un palazo en la cabeza al hijo de la pareja dueña del piso. Y en el medio, pasa de todo: se emborrachan, se pelean, se amigan, se atormentan, una señora vomita; se disculpan, gritan, cacarean, un hamster se escapa, los chicos se amigan. Y de sonido de fondo un móvil que no para de sonar (un misterioso 'Walter', que llama y llama y vuelve locos a los espectadores de la peli) y un caballero (brillantemente interpretado por Waltz) al que no le tiembla la mano a la hora de pisar cabezas para hacer negocios.

Esta película y parte de la adaptación, como ya dije, corrió por cuenta de Polanski. Que a pesar de ser un malnacido y depredador sexual; también es un genio. Un inmenso y condenado genio. Polanski es un gigante e indiscutido del séptimo arte; y también es un hijo de reverenda perra.

Con respecto a Christoph Waltz: se cuenta en los corrillos de Hollywood que muchos actores yankis no quieren filmar con él. ¿La razón? Se 'come' las películas. Y sino miren lo que pasó en la de Tarantino, Inglorious Basterds: Waltz eclipsó a todos, incluso a Tarantino.
En Carnage pasa lo mismo: Waltz es la estrella ¡¡¡ este tipo es un fenómeno !!!



Powers of Ten (1968 y 1977)

Uno de mis libros preferidos sobre cartografía se llama  A History of the World in 12 Maps (no sé si está traducido al español; el autor es Jerry Brotton). El libro, además de ser excelente en cuanto a investigación histórica, despertó mi curiosidad con respecto a dos documentales que menciona, a propósito de la paternidad de ambos documentales con lo que hoy conocemos como Google Earth y Google Maps. ¿ Cómo es eso posible... ? Pues trataré de sintetizar.

En los '90 existió una empresa llamada Silicon Graphics. Sus creadores conocían los dos cortos del matrimonio de ingenieros Charley y Berenice Eames llamados Power of Ten, uno filmado en 1968 y que en sus 8 minutos nos explica usando dos relojes (uno analógico, el otro digital) cómo funciona la Twin Paradox; y el de 1977 y que en sus 9 minutos nos explica el tamaño relativo de las cosas cotidianas y nosotros mismos con respecto al universo. Los jóvenes ingenieros de Silicon Graphics (SGI) estaban fascinados con ambos cortos y pusieron manos a la obra tratando de encontrar la forma de que en un sistema computarizado pudiese verse el planeta en detalle y tener acceso a mapas de manera ilimitada. Mark Aubin, uno de los ingenieros informáticos de SGI y posterior cofundador de Google Earth, siempre dá las gracias al matrimonio Eames y sus Powers of Ten cada vez que se le presenta la ocasión ya que los documentales le sirvieron de inspiración y meta.
En 2001 Silicon Graphics sufrió el éxodo de sus ingenieros y programadores más importantes (entre ellos Aubin) que fundaron Keyhole, la empresa que inventó el clip-mapping y que en su forma web se llamó Earthviewer. Keyhole pronto estuvo entre ceja y ceja de Google, que por supuesto adquirió Keyhole (incluidos todos sus ingenieros y desarrolladores) y su Earthviewer, y le cambió el nombre por Google Earth. Si quieren saber más sobre todo esto, en el capítulo 12 de A History of the World in 12 Maps se explica con lujo de detalles todo este proceso.

Volviendo a los cortos: fueron dos, y con el mismo nombre. Uno filmado en 1968, llamado A Rough Sketch; y otro filmado en 1977, apodado Final.






Into the Wild (2007)

Esta película trata la historia de un chico solitario y aventurero, Chris McCandless, que en 1990 y a poco de egresar de sus estudios universitarios (y con un ingreso confirmado en Harvard para completar su formación) decide tomarse unos años sabáticos y vagabundear por ahí.

Desde 1990 a 1992 este muchacho recorrió muchísimos pueblos y ciudades de USA con su mochila a cuestas; hizo senderismo y canotaje por varios Parques Nacionales; tuvo trabajos ocasionales en diferentes estados e hizo muchos amigos a lo largo del camino. Hasta que un día se le metió en la cabeza que quería ir a Alaska y experimentar una situación de supervivencia extrema.
Y allá se fue, a Alaska.
No le importó que sus amigos ni expertos en vida al aire libre consideraran esa idea como descabellada y sin sentido. Toda esta gente le advirtió que Alaska y su hermosa agresividad y clima extremo no es para cualquiera, y menos para un muchacho cabeza dura, sin experiencia en supervivencia y sus técnicas. Pero Chris creyó que todo lo podía, y allá fue. Cuando somos jóvenes somos tan arrogantes...

El final fue el esperado.
El chico, que en 1992 tenía 24 años, falleció emaciado e intoxicado por la ingesta de semillas salvajes no aptas para el consumo. Alaska, la hermosa y exuberante tierra de aventuras, se lo tragó y lo inmortalizó.
McCandless es, hoy, una suerte de mito e icono juvenil.
El lugar donde Chris falleció (dentro de un colectivo abandonado -el colectivo se removió del lugar hace unos años) es un continuo peregrinar de personas que le rinden tributo al simpático Alex Supertramp (así había elegido llamarse...) y su aventura eterna.

En 1996 el escritor y periodista Jon Krakauer escribió un libro sobre este chico y su triste final que se llamó Into the Wild.
Y en 2007 Sean Penn tomó las riendas de la adaptación, producción y dirección de una película basada en el libro de Krakauer, y así es como le rindió un muy emotivo homenaje a la corta pero intensa vida de McCandless.
Ambos, libro y película, son estupendos.
En el libro hay mucho material fotográfico muy perturbador: el chico, entre las muy pocas cosas que se había llevado a Alaska para vivir 'su aventura' tenía una cámara de fotos. Y de no creer: este muchacho fue retratando su agonía, su caída libre hacia la hambruna y la locura, con sonrisas, serenidad y una claridad mental alarmante.

El libro, y la película (muy crudos ambos) nos llevan inexorablemente por las andanzas y pensamientos de este muchacho que estaba destinado a encontrarse a sí mismo, pero en las peores circunstancias.
La película de Penn es muy despojada, muy dura. Excelentes actuaciones, sobre todo de quién encarna a McCandless, un actor llamado Emile Hirsch.



The Watchmaker (2017)

La primera vez que vi este corto quedé hipnotizada. La segunda, tercera, y décima vez, también. 

Lo mismo le debe haber pasado a la directora de esta cinta, Marie Cecile Embleton, cuando se topó con este relojero bohemio y filósofo.
El relojero, que para aquel entonces estaba viviendo en un muy modesto piso en las afueras de Londres (ahora no sé); es británico de ascendencia iraniana.
La vida de Faramarz (el relojero) es una sucesión de contemplación, disfrute y merodear por mercadillos al rescate de relojes destrozados; la vida, para este hombre, se resume en saber preparar un buen té, en hacer lo que le gusta y disfruta. 
Y mientras nosotros somos espectadores de su devenir, nos dá tiempo y ganas para pensar en aquello que realmente vale la pena, en saber identificar qué nos hace bien y dedicarnos a saborear despacio y con delicia aquello inasible, maravilloso y eterno, que es nuestro propio combustible sensorial.
Los poco más de 9 minutos del corto son una auténtica obra de arte. 




The Room (2003)

Hace algunos años un conocido, con quien comparto amor por el séptimo arte, me lanzó un desafío: hacer una reseña sobre la archifamosa The Room, considerada la peor película de la historia. Al principio dije que no, y luego dije que sí. De manera particular, las películas mal hechas no me llaman la atención (pero tienen una caterva de seguidores); pero luego de sopesar la invitación del colega, pues me puse manos a la obra, e hice la mentada reseña sobre este film del que mucha gente habla, pero que pocos han visto. Para lograr mi cometido traté de armarme de paciencia e informarme: vi la película de James Franco sobre The Room ( su película se llama The Disaster Artist); leí el libro de Greg Sestero, amigo del alma mater de The Room y actor del film (su libro se llama The Disaster Artist, la película de Franco está basada en ese libro) y finalmente, y ya preparada, me vi The Room.

Pero mejor vuelvo un poco hacia atrás y les cuento el proceso de cómo logré escribir esta reseña. Por eso, empezaré por la película de Franco, ya que sobre The Room, en sí misma, hay muy poco que comentar.
James Franco es un hombre talentosísimo, multifacético y algunas veces arriesgado. Secundado por escándalos y por denuncias varias, su carrera siempre parece al borde del precipicio. A Franco lo pongo en la misma línea que Ben Affleck: ambos tienen enorme talento como directores, productores, guionistas; y poco talento pero mucho oficio para actuar. Y al igual que Ben Affleck, Franco ha mostrado mucho tino y mucho sentido común para con aquello que decide actuar. Y la película The Disaster Artist lo demuestra.
En la película, que detalla los entretelones de la filmación y de cómo se gestó The Room, Franco y su hermano Dave Franco (en la piel del ambiguo Greg Sestero) se lucen en paso de comedia. La película es logradísima, muy entretenida y con mucha frescura; la vi como diez veces, y cada vez me resulta mejor.
Una particularidad de la película es que el elenco es de primerísimo nivel: Melanie Griffith, Zac Efron, Bob Odenkirk, Sharon Stone, los ya nombrados James y Dave Franco; y muchos otros haciendo cameos y actuando como sí mismos (Bryan Cranston, por ejemplo) o en cameos auto referenciales (los mismísimos Greg Sestero y Tommy Wiseau).

De Greg Sestero ya les conté un poco. Pero aún no les dije nada de Tommy Wiseau. 
Tommy Wiseau, Tommy Wiseau. 
Ustedes se estarán preguntando quién es Tommy Wiseau. 
Pues es el señor que engendró The Room.

Pero mejor les sigo contando. Como ya les anticipé, la película de Franco está basada en el libro The Disaster Artist de Greg Sestero. El libro me aburrió, pero nada malo hay en ello, pues muchos libros me aburren. Mucho del libro se pierde en desentrañar el país de nacimiento y la fortuna de Tommy Wiseau -el multitask del engendro -; y creo que a los lectores eso no les interesa. O sí, qué se yo.

Pero vayamos a los papeles: para quién no conoce la trama de la película y la trastienda de The Room, les cuento en pocas líneas: en los 2000 un excéntrico artista (¿artista?) de misterioso origen y de nombre Tommy Wiseau se despierta un día y decide filmar su propia película (y gastar 6 millones de dólares en ella) siendo él mismo director, productor, guionista y actor. Lo secunda su amigo casi adolescente Greg Sestero (un muchacho que al 2026 ya es casi cincuentón, pero que sigue con enterna languidez adolescente). Una curiosidad: Sestero se presenta a sí mismo como modelo, escritor, guionista, director y actor. 
Y le creo, porque soy una creyente.

Sin desmedro de lo anteriormente dicho, paso a la película de marras, la ya multi mencionada The Room
Confieso que leí algunas reseñas sobre esa película antes de escribir mi propia reseña.
Y noté que los reseñadores gastaron muchos párrafos en describir un guión que no existe como tal.
¿ Quién puede decir que Wiseau escribió un guión... ? La película no tiene guión, no tiene argumento; la película no tiene pies ni cabeza; la película no tiene costados, ni laterales, ni abismos, ni paraísos. La película es un cúmulo de inconexiones, es un rejunte de escenas que parecen filmadas para películas diferentes y luego mal pegadas. Como una suerte de Frankenstein: un pastiche.
Al momento de filmar The Room Tommy Wiseau nunca había filmado nada (al punto que trabajó con dos procesos de filmación distintos), no sabía dónde estaba parado, hablaba muy mal inglés, no tenía conciencia de lo que estaba haciendo, ni cómo lo estaba haciendo, ni qué recórcholis creía que podía hacer. Lo único concreto en la vida de Wiseau es que es, o fue, un hombre con dinero, mucho, mucho, muchísimo dinero, y como todo ser humano con mucho dinero para gastar, y encima caprichoso a la hora de gastar el dinero, pues filmó una película toda suya. Puede decirse que The Room es sólo y únicamente hija de este hombre.
Así las cosas, cuando filmó salió lo que salió: la nada misma.

Igualmente, el tiempo y las circunstancias hicieron que Wiseau hoy día sea una especie de ídolo, fetiche y mito viviente. Su película tiene muchísimo éxito en cineclubs, en salas de cine alternativo y en festivales de películas retro. 
Con respecto a la dirección y la actuación: otra nada misma. No hay dirección -de nada-; y no hay actuación -tampoco de nada-. The Room vendría a ser como la física cuántica: el estudio de partículas que no existen pero se pueden medir y catalogar.

Para terminar, ¿dónde se puede ver The Room? 
Prueben en plataformas, o algún cine club. 





Changing Lines (2003)

Ben Affleck es como los vinos, a medida que envejece, está mejor. Y es como Carlos Gardel: su halo mítico se agiganta con el tiempo. 

Este muchacho, que es muy talentoso y muy inteligente, ha tenido un enorme salto de calidad en casi todo lo que hace, sobre todo, cuando empezó a priorizar calidad sobre cantidad.
En sus comienzos, solo hacía muecas seductoras en películas de carilindo.
Luego llegó aquel Oscar junto a Matt Damon como guionista. Ambos muy jóvenes.
Después llegaría la consagración y el prestigio: sus películas como director, guionista y productor; y también actuando. Casi siempre y casi todo superlativo.

El año 2002 fue un año bisagra para Affleck en la transición de chico divino a adulto pensante. Ya no podía ocultar que andaba tratando de despojarse de los roles de divo y estrella. Venía de actuar malamente en Pearl Harbor (un horror...) y venía de otras películas livianas y mediocres que no agregaban nada a su curriculum.
Por eso, y en ese mismo 2002, aceptó el reto del británico Roger Michel - el mismo de Nothing Hill - y se puso a actuar en serio y a ponerse el traje de actor y actuar bien y no pasarse de la raya.
Este muchacho, Affleck, no es buen actor, al menos no a la altura de un Marlon Brando, un Daniel Day Lewis o un Jesse Plemons. Sin embargo, si un director de fuste lo agarra y lo exige, saca algo muy bueno de él.
Y es lo que pasó acá.

Del desarrollo de la película (que se puede ver en plataformas) no quiero decir mucho, pero igual les doy algunos indicios. Un abogado rico pero insatisfecho choca con el auto contra un alcohólico en recuperación. Y trácate: los papeles que llevan se mezclan, y los documentos de uno de ellos quedan en poder del otro y viceversa. Uno de los dos llega tarde para pedir custodia compartida de sus hijos... y se pudre todo. Mal, muy mal. Para peor, en vez de pedirse perdón mutuamente se enredan en una guerra campal con consecuencias impredecibles.

Es un gran guion, muy bien estructurado y con vueltas de tuerca bastante buenas. Y los actores que acompañan al gran Ben son fenomenales: una Toni Colette impecable (sin sobre actuar); y Samuel J. Jackson cumple, como siempre.





Pieces of April (2003)

Katie Holmes tiene un karma, o doble karma, que no la deja en paz: el primero, que se la recuerde por Dawson's Creek - el show para adolescentes que fue furor en los '90; y el segundo, que se la asocie como la ex de Tom Cruise. Y casi nada mas.

Pero, en ese casi nada más, hay muchísimo. Excelente, diría.
Holmes es una gran actriz, pero lamentablemente algunas malas elecciones en su carrera (vital para un actor elegir bien qué debe hacer y qué no) no han sido felices ni oportunas. Pero bueno, errores tenemos todos.

En 2003 el ya famoso escritor, dramaturgo, director y productor Peter Hedges ( consagradísimo por Quién Ama a Gilbert Grape, entre otras cosas) la convocó para una película de bajo presupuesto: 300 mil dólares para pagar toda la producción de un film en locación real, con gente común de extra, cámara en mano - u hombro - y un libreto delicioso. El libreto de la película es magistral y guarda una similitud con el de la novela-película de Hedges Quién Ama....: los temores a crecer, tomar responsabilidades, madurar, amar y abrirse al mundo. Hedges, como ya comenté, suele ser director-guionista-productor de sus películas. Y también escribe obras de teatro, ensayos, novelas, libretos para terceros. Es decir, un gran talento.

No deseo adelantar mucho del film, sobre todo por aquellos que quizás deseen ver la película por alguna de las plataformas que la ofrecen. Pero puedo decir que los días de Acción de Gracias en Estados Unidos no siempre son glamourosos ni se pasan de la manera soñada-perfecta del American Way of Life. La protagonista (April) es una chica que vive en un barrio duro de New York y en un departamento que se cae a pedazos; pero ello no impide que ella tenga ilusiones, sueños y desafíos: invitar a su desastrosa familia en esa fecha tan especial; pero sobre todo, la excusa es ver por última vez a su madre, que tiene una enfermedad terminal. La familia, incluida la abuelita senil, emprende un viaje de ida en busca de la ovejita descarriada; ellos tienen su propia Road Movie con varias vueltas de tuerca. Y en el medio, entre los preparativos del pavo de Thanksgiving y los vecinos multiétnicos de April que la ayudan a cocinar, pasa de todo.

Grande Katie Holmes. 





Mambo 5, mi tema preferido de Damaso Pérez Prado

Creo que Mambo 5, de Damaso Pérez Prado, es una de las músicas caribeñas más bonitas del mundo. Me gusta mas el Mambo 5 que el muy famoso Mambo 8. Su compositor, como ya dije, fue el muy afamado músico cubano D. Pérez Prado, que la escribió en 1949 y grabó en 1950.

Damaso Pérez Prado tiene en su haber una docena de mambos clásicos, todos con título de números y famosísimos. Pero quizás el número 5 es el más versionado.
Por supuesto: hay covers para todos los gustos, pero dá la casualidad que las versiones me parecen de terror. A mí, por ejemplo, la versión distorsionada y mal sampleada y mal cantada del alemán Lou Bega me parece un horror. Y ya que estoy hablando de Lou Vega, deseo contarles que los herederos de Pérez Pardo y Vega estuvieron en conflicto judicial por los derechos musicales y autorales del tema. El caso se resolvió en 2008 en favor de Lou Vega, ya que la justicia alemana consideró que Vega había escrito la letra sobre el Mambo 5 de Pérez Prado y por lo tanto le correspondía cobrar derecho de autor.