La primera vez que vi este corto quedé hipnotizada. La segunda, tercera, y décima vez, también.
Lo mismo le debe haber pasado a la directora de esta cinta, Marie Cecile Embleton, cuando se topó con este relojero bohemio y filósofo.El relojero, que para aquel entonces estaba viviendo en un muy modesto piso en las afueras de Londres (ahora no sé); es británico de ascendencia iraniana.
La vida de Faramarz (el relojero) es una sucesión de contemplación, disfrute y merodear por mercadillos al rescate de relojes destrozados; la vida, para este hombre, se resume en saber preparar un buen té, en hacer lo que le gusta y disfruta.
Y mientras nosotros somos espectadores de su devenir, nos dá tiempo y ganas para pensar en aquello que realmente vale la pena, en saber identificar qué nos hace bien y dedicarnos a saborear despacio y con delicia aquello inasible, maravilloso y eterno, que es nuestro propio combustible sensorial.
Los poco más de 9 minutos del corto son una auténtica obra de arte.
Los poco más de 9 minutos del corto son una auténtica obra de arte.
No hay comentarios:
Publicar un comentario