The Room (2003)

Hace algunos años un conocido, con quien comparto amor por el séptimo arte, me lanzó un desafío: hacer una reseña sobre la archifamosa The Room, considerada la peor película de la historia. Al principio dije que no, y luego dije que sí. De manera particular, las películas mal hechas no me llaman la atención (pero tienen una caterva de seguidores); pero luego de sopesar la invitación del colega, pues me puse manos a la obra, e hice la mentada reseña sobre este film del que mucha gente habla, pero que pocos han visto. Para lograr mi cometido traté de armarme de paciencia e informarme: vi la película de James Franco sobre The Room ( su película se llama The Disaster Artist); leí el libro de Greg Sestero, amigo del alma mater de The Room y actor del film (su libro se llama The Disaster Artist, la película de Franco está basada en ese libro) y finalmente, y ya preparada, me vi The Room.

Pero mejor vuelvo un poco hacia atrás y les cuento el proceso de cómo logré escribir esta reseña. Por eso, empezaré por la película de Franco, ya que sobre The Room, en sí misma, hay muy poco que comentar.
James Franco es un hombre talentosísimo, multifacético y algunas veces arriesgado. Secundado por escándalos y por denuncias varias, su carrera siempre parece al borde del precipicio. A Franco lo pongo en la misma línea que Ben Affleck: ambos tienen enorme talento como directores, productores, guionistas; y poco talento pero mucho oficio para actuar. Y al igual que Ben Affleck, Franco ha mostrado mucho tino y mucho sentido común para con aquello que decide actuar. Y la película The Disaster Artist lo demuestra.
En la película, que detalla los entretelones de la filmación y de cómo se gestó The Room, Franco y su hermano Dave Franco (en la piel del ambiguo Greg Sestero) se lucen en paso de comedia. La película es logradísima, muy entretenida y con mucha frescura; la vi como diez veces, y cada vez me resulta mejor.
Una particularidad de la película es que el elenco es de primerísimo nivel: Melanie Griffith, Zac Efron, Bob Odenkirk, Sharon Stone, los ya nombrados James y Dave Franco; y muchos otros haciendo cameos y actuando como sí mismos (Bryan Cranston, por ejemplo) o en cameos auto referenciales (los mismísimos Greg Sestero y Tommy Wiseau).

De Greg Sestero ya les conté un poco. Pero aún no les dije nada de Tommy Wiseau. 
Tommy Wiseau, Tommy Wiseau. 
Ustedes se estarán preguntando quién es Tommy Wiseau. 
Pues es el señor que engendró The Room.

Pero mejor les sigo contando. Como ya les anticipé, la película de Franco está basada en el libro The Disaster Artist de Greg Sestero. El libro me aburrió, pero nada malo hay en ello, pues muchos libros me aburren. Mucho del libro se pierde en desentrañar el país de nacimiento y la fortuna de Tommy Wiseau -el multitask del engendro -; y creo que a los lectores eso no les interesa. O sí, qué se yo.

Pero vayamos a los papeles: para quién no conoce la trama de la película y la trastienda de The Room, les cuento en pocas líneas: en los 2000 un excéntrico artista (¿artista?) de misterioso origen y de nombre Tommy Wiseau se despierta un día y decide filmar su propia película (y gastar 6 millones de dólares en ella) siendo él mismo director, productor, guionista y actor. Lo secunda su amigo casi adolescente Greg Sestero (un muchacho que al 2026 ya es casi cincuentón, pero que sigue con enterna languidez adolescente). Una curiosidad: Sestero se presenta a sí mismo como modelo, escritor, guionista, director y actor. 
Y le creo, porque soy una creyente.

Sin desmedro de lo anteriormente dicho, paso a la película de marras, la ya multi mencionada The Room
Confieso que leí algunas reseñas sobre esa película antes de escribir mi propia reseña.
Y noté que los reseñadores gastaron muchos párrafos en describir un guión que no existe como tal.
¿ Quién puede decir que Wiseau escribió un guión... ? La película no tiene guión, no tiene argumento; la película no tiene pies ni cabeza; la película no tiene costados, ni laterales, ni abismos, ni paraísos. La película es un cúmulo de inconexiones, es un rejunte de escenas que parecen filmadas para películas diferentes y luego mal pegadas. Como una suerte de Frankenstein: un pastiche.
Al momento de filmar The Room Tommy Wiseau nunca había filmado nada (al punto que trabajó con dos procesos de filmación distintos), no sabía dónde estaba parado, hablaba muy mal inglés, no tenía conciencia de lo que estaba haciendo, ni cómo lo estaba haciendo, ni qué recórcholis creía que podía hacer. Lo único concreto en la vida de Wiseau es que es, o fue, un hombre con dinero, mucho, mucho, muchísimo dinero, y como todo ser humano con mucho dinero para gastar, y encima caprichoso a la hora de gastar el dinero, pues filmó una película toda suya. Puede decirse que The Room es sólo y únicamente hija de este hombre.
Así las cosas, cuando filmó salió lo que salió: la nada misma.

Igualmente, el tiempo y las circunstancias hicieron que Wiseau hoy día sea una especie de ídolo, fetiche y mito viviente. Su película tiene muchísimo éxito en cineclubs, en salas de cine alternativo y en festivales de películas retro. 
Con respecto a la dirección y la actuación: otra nada misma. No hay dirección -de nada-; y no hay actuación -tampoco de nada-. The Room vendría a ser como la física cuántica: el estudio de partículas que no existen pero se pueden medir y catalogar.

Para terminar, ¿dónde se puede ver The Room? 
Prueben en plataformas, o algún cine club. 





Changing Lines (2003)

Ben Affleck es como los vinos, a medida que envejece, está mejor. Y es como Carlos Gardel: su halo mítico se agiganta con el tiempo. 

Este muchacho, que es muy talentoso y muy inteligente, ha tenido un enorme salto de calidad en casi todo lo que hace, sobre todo, cuando empezó a priorizar calidad sobre cantidad.
En sus comienzos, solo hacía muecas seductoras en películas de carilindo.
Luego llegó aquel Oscar junto a Matt Damon como guionista. Ambos muy jóvenes.
Después llegaría la consagración y el prestigio: sus películas como director, guionista y productor; y también actuando. Casi siempre y casi todo superlativo.

El año 2002 fue un año bisagra para Affleck en la transición de chico divino a adulto pensante. Ya no podía ocultar que andaba tratando de despojarse de los roles de divo y estrella. Venía de actuar malamente en Pearl Harbor (un horror...) y venía de otras películas livianas y mediocres que no agregaban nada a su curriculum.
Por eso, y en ese mismo 2002, aceptó el reto del británico Roger Michel - el mismo de Nothing Hill - y se puso a actuar en serio y a ponerse el traje de actor y actuar bien y no pasarse de la raya.
Este muchacho, Affleck, no es buen actor, al menos no a la altura de un Marlon Brando, un Daniel Day Lewis o un Jesse Plemons. Sin embargo, si un director de fuste lo agarra y lo exige, saca algo muy bueno de él.
Y es lo que pasó acá.

Del desarrollo de la película (que se puede ver en plataformas) no quiero decir mucho, pero igual les doy algunos indicios. Un abogado rico pero insatisfecho choca con el auto contra un alcohólico en recuperación. Y trácate: los papeles que llevan se mezclan, y los documentos de uno de ellos quedan en poder del otro y viceversa. Uno de los dos llega tarde para pedir custodia compartida de sus hijos... y se pudre todo. Mal, muy mal. Para peor, en vez de pedirse perdón mutuamente se enredan en una guerra campal con consecuencias impredecibles.

Es un gran guion, muy bien estructurado y con vueltas de tuerca bastante buenas. Y los actores que acompañan al gran Ben son fenomenales: una Toni Colette impecable (sin sobre actuar); y Samuel J. Jackson cumple, como siempre.





Pieces of April (2003)

Katie Holmes tiene un karma, o doble karma, que no la deja en paz: el primero, que se la recuerde por Dawson's Creek - el show para adolescentes que fue furor en los '90; y el segundo, que se la asocie como la ex de Tom Cruise. Y casi nada mas.

Pero, en ese casi nada más, hay muchísimo. Excelente, diría.
Holmes es una gran actriz, pero lamentablemente algunas malas elecciones en su carrera (vital para un actor elegir bien qué debe hacer y qué no) no han sido felices ni oportunas. Pero bueno, errores tenemos todos.

En 2003 el ya famoso escritor, dramaturgo, director y productor Peter Hedges ( consagradísimo por Quién Ama a Gilbert Grape, entre otras cosas) la convocó para una película de bajo presupuesto: 300 mil dólares para pagar toda la producción de un film en locación real, con gente común de extra, cámara en mano - u hombro - y un libreto delicioso. El libreto de la película es magistral y guarda una similitud con el de la novela-película de Hedges Quién Ama....: los temores a crecer, tomar responsabilidades, madurar, amar y abrirse al mundo. Hedges, como ya comenté, suele ser director-guionista-productor de sus películas. Y también escribe obras de teatro, ensayos, novelas, libretos para terceros. Es decir, un gran talento.

No deseo adelantar mucho del film, sobre todo por aquellos que quizás deseen ver la película por alguna de las plataformas que la ofrecen. Pero puedo decir que los días de Acción de Gracias en Estados Unidos no siempre son glamourosos ni se pasan de la manera soñada-perfecta del American Way of Life. La protagonista (April) es una chica que vive en un barrio duro de New York y en un departamento que se cae a pedazos; pero ello no impide que ella tenga ilusiones, sueños y desafíos: invitar a su desastrosa familia en esa fecha tan especial; pero sobre todo, la excusa es ver por última vez a su madre, que tiene una enfermedad terminal. La familia, incluida la abuelita senil, emprende un viaje de ida en busca de la ovejita descarriada; ellos tienen su propia Road Movie con varias vueltas de tuerca. Y en el medio, entre los preparativos del pavo de Thanksgiving y los vecinos multiétnicos de April que la ayudan a cocinar, pasa de todo.

Grande Katie Holmes. 





Mambo 5, mi tema preferido de Damaso Pérez Prado

Creo que Mambo 5, de Damaso Pérez Prado, es una de las músicas caribeñas más bonitas del mundo. Me gusta mas el Mambo 5 que el muy famoso Mambo 8. Su compositor, como ya dije, fue el muy afamado músico cubano D. Pérez Prado, que la escribió en 1949 y grabó en 1950.

Damaso Pérez Prado tiene en su haber una docena de mambos clásicos, todos con título de números y famosísimos. Pero quizás el número 5 es el más versionado.
Por supuesto: hay covers para todos los gustos, pero dá la casualidad que las versiones me parecen de terror. A mí, por ejemplo, la versión distorsionada y mal sampleada y mal cantada del alemán Lou Bega me parece un horror. Y ya que estoy hablando de Lou Vega, deseo contarles que los herederos de Pérez Pardo y Vega estuvieron en conflicto judicial por los derechos musicales y autorales del tema. El caso se resolvió en 2008 en favor de Lou Vega, ya que la justicia alemana consideró que Vega había escrito la letra sobre el Mambo 5 de Pérez Prado y por lo tanto le correspondía cobrar derecho de autor.  





El Camino de San Diego (2006)

Entre todo lo que se escribió, escribirá o escribe, lo que se dice o dijo o dirá con respecto a Diego Armando Maradona me puse como objetivo volver a ver esta película en Youtube.

Se trata de El Camino de San Diego, film 100 x 100 con ADN de Carlos Sorín.
Sorín es un director absolutamente atípico. Sus últimas producciones son con un mínimo de equipo, sin actores profesionales pero con gente real y en sus ámbitos cotidianos; despojo crudo, historias sobre seres creíbles y en su entorno y con sus familias y amigos.

La carrera cinematográfica de Sorín se puede dividir en dos: su parte comercial que abarca solo dos películas ( La Película del Rey - una joya -; y Eversmile New Jersey - otra joya, y protagonizada por Daniel Day Lewis); y su parte minimalista, despojada, asceta y cero comercial que es toda su maravillosa producción posterior. 

En El camino de San Diego Sorín nos zambulle en la calurosa provincia de Misiones y en la cotidianeidad de un muchacho que, como ya adivinaron, tiene una obsesión por el Diego. Que en Argentina haya un inexplicable culto místico por Maradona no es ninguna novedad (me incluyo, para mí es la materialización de un dios mortal y pagano); y me parece que esta película explica claramente cómo se vive ese amor, esa pasión y ese agradecimiento ilimitado por el 10.
Sorín escribió el guión a partir de una situación real: a partir de 2004 Maradona sufrió crónicos problemas cardíacos, de adicciones y psíquicos (que desencadenarían en su fallecimiento en 2020). Y acá es donde el protagonista ficticio de esta película  se nos materializa: un chico llamado Tati, muy humilde y sencillo, y que como casi todos los argentinos, tiene una relación amador-amado con el 10. Tati vive en pobreza extrema, pero así y todo se las arregla para ser feliz. Su vida y su entorno es su amor incondicional por el Diego y la cotidianeidad con sus amigos, los trabajos ocasionales que encuentra, su esposa e hijas. Y un día pasan dos cosas que rompen su cotidianeidad: se entera que el Diego está muy enfermo e internado en una clínica, y encuentra en el monte - bosque - un pedazo de tronco de árbol que se parece mucho al 10.
Y es así que Tati empieza el camino a Buenos Aires para brindarle a Maradona el pedazo de tronco como ofrenda y como regalo. La película es bella como pocas, y muy querible.





Mank (2020)

No me gustó esta película. Mank no me gustó nada. 
No me gustó porque está filmada en un mediocre y mal maquetado blanco y negro, o sepia, o algo parecido.
No me gustó porque es una película muy críptica, y además, los argumentos conspirativo-maniqueos ya me tienen con las glándulas Weber por los aires...
No me gustó porque para entenderla hay que ser un adivino (o experto) en la muy difícil relación profesional-íntima que los protagonistas tenían (el trío Mankiewicz-Hearst-Welles) y todo lo que los rodeó. Y ni les digo cuando en medio de la película aparecen flashbacks de la elección que perdió Upton Sinclair allá por los '30 (¿Qué recórcholis tendrá que hacer Upton Sinclair en todo esto... ?).
No me gustó la dirección del experimentado David Fincher, que supo hacer muy buenas películas. En este caso no logra contener al muy querible Gary Oldman - un caballero muy dado a la sobreactuación si es que no se le ponen límites - y tampoco aprovecha el enorme potencial de las luces y efectos que el blanco y negro ofrece.

¿Qué me gustó?
La banda de sonido. Otra vez el dúo Reznor-Ross poniéndole talento a la cosa...
La reconstrucción de época.
La gran actuación de Charles Dance.

Para hacer un resumen del film: un muchacho que es un guionista oculto, y que es un genio (un genio siempre ebrio y de escándalo en escándalo; muy Maradoniano, el muchacho) es contratado por otro genio: el gigantesco Orson Welles. ¿El motivo? Welles quiere que le escriba un guion, pero también quiere que el guión esté a su nombre. Mister Mankiewicz (Mank) acaba de sufrir un accidente, está en un pico de excesos varios, y encima, se le aparece el ególatra de Welles pidiéndole un trabajo urgente. Pero ahí no termina la cosa. En el medio de ambos está William Hearst, que en la época fue el hombre mas poderoso del gran país del norte; y como cereza de la torta, Hearst tiene una relación tormentosa con Mankiewicz y Welles.
El resto es historia.
Historia que mas o menos se conoce.
Mank, por una vez en su vida, quiere un poco de dignidad, y le exige a Welles que su nombre aparezca en los créditos. Quiere ver que su nombre aparezca en la pantalla, quiere que su nombre esté marcado como guionista. Y Welles enfurece y todo salta por los aires.

Pero si les sigo contando no tiene sentido.
(¿A que no saben por qué el nombre Rosebud...?)




The Hurt Locker (2008)

 La película Hurt Locker está muy lograda, y tiene una historia peculiar.

Su directora, Kathryn Bigelow (que ganó por esta cinta el Oscar a mejor dirección y mejor película), tuvo que hipotecar todo lo que tenía para poder financiar el film. Como los grandes estudios no confiaron en ella (si he de decir algo a favor de los productores es que no es habitual que directoras de cine hagan películas bélicas) la buena de Bigelow empeñó hasta sus anillos, su casa, su auto. Y como aún no le alcanzaba tuvo que recurrir a un ignoto productor independiente francés que también tuvo que empeñar lo poco que tenía.
La producción pasó por un sin fin de dificultades: no había dinero para efectos especiales, todo se filmó en primera toma ya que no había dinero para la segunda. ¿ Qué hacer, entonces... ? El viejo truco de usar varias cámaras a la vez, y quedarse con la mejor toma. 
Los tres actores protagónicos -que no eran famosos en aquellos momentos, pero hoy sí lo son - cobraron lo mínimo, y también cobraron lo mínimo Ralph Fiennes, David Morse y Guy Pearce, una manera de hacerle el aguante a la directora. Bigelow filmó en Jordania y como extras puso a refugiados afganos; el dinero llegaba para bancar una producción y sus costos por 40 días. Y en 40 días se filmó. Y se filmó con temperaturas que superaron los 45 grados, día a día.
Pero la frutilla del postre se la lleva la edición: Bigelow filmó en 16mm. Hubo que llevar las latas en mano hasta Londres, y en varios viajes, para editar y compaginar en la postproducción.

La película tiene un gran guión, actuaciones bien encausadas, una gran mano de dirección y puesta en escena. Se nota que hay poco dinero, y se nota las ganas de que todo salga adelante y, lo que es más importante, se nota la ausencia de Hollywood. Lo cual es maravilloso. Si alguna vez creyeron que podía llegar a existir una película de guerra minimalista, pues están frente a ella.

Si alguno de ustedes tiene duda de cómo trabajaba un escuadrón anti bombas en Irak,  esta el la película indicada.



Day-O

¿Cuantas bellas canciones y cantantes y artistas ha dado Jamaica a la cultura universal ? Quizás muchos mas de lo que nosotros le dimos a Jamaica.

Entre las maravillosas canciones legadas al repertorio universal se encuentra Day-O. O quizás mas conocida como Banana Song Boat. Que es un anónimo, una canción portuaria de trabajadores para amenizar las largas jornadas bajo el sol del Caribe.
Un día en 1954 a Edric Connor se le ocurrió grabar este anónimo.
Y de allí solo fue un paso para que el éxito rotundo llegase. 
Grandes personalidades de la música popular grabador e inmortalizaron este verdadero himno universal; como ser Harry Belafonte, Shirley Bassey o Stan Freberg. Y luego de más de 70 años de la grabación original, la canción no ha perdido belleza, ni espíritu, ni actualidad. 



Starcrash (1978) y Starcrash II, Escape from Galaxy 3 (1981)

Starcrash no es una película que pasará a la historia por su calidad, su argumento o por las actuaciones. Más bien, todo lo contrario. Este film fue protagonizado por nada mas ni nada menos que el carilindo David Hasseldhoff, en la mejor performance de su carrera actoral en todas las pantallas (imaginen cómo habrán sido sus otras actuaciones); y lo secundan la bella Caroline Munro (bella, bella); la retirada pastora evangelista Marjorie Gortner (el eterno sucumbir a las tentaciones terrenales... ); y con un guión que, según cuentan las reseñas, es un italian spaguetti stellar trash copio/pego de Star Wars. Como Star Wars no la vi ( ninguna de ellas ) no puedo decir.

Punto aparte para los (d)efectos especiales, están tan mal hechos que hasta provocan risa.
Del director del pergeño no tengo mayores datos salvo que es o era italiano y cuyo nombre es o era Luigi Cozzi. Ya saben: los italianos y la ciencia ficción se llevan igual de bien que los leones y las gacelas.
Por último y para destacar: John Barry como musicalizador - sí, el mismo de las banda de sonido de algunas James Bond- ; y Christopher Plummer en papel de Amo del Universo (¿Cómo lo habrán convencido de actuar acá... ?).



Como ya han notado, en la primera Starcrash muchas cosas no coordinaban ni seguían una línea argumental coherente; y en la segunda Starcrash ya directamente todo salta por los aires. Hasta el sentido común.
Si alguna vez alguno de ustedes pensaron que no existe algo peor que el dolor de muelas, aún no han visto ésta suerte de averno interminable a la italiana y por lo tanto, de seguro, cambiarán de opinión.

En el caso de Starcrash II el responsable de la bazofia fue el director de cine porno Bitto Albertini ( que con mucha elegancia en este film usa el nombre artístico Ben Norman), y que cuya mano maestra en el cine lujurioso y concupiscente no lo salva del abismo. En cuanto a los protagonistas, de haberlos, pues creo que hacen lo que pueden (no reconocí a nadie importante, pero es que tampoco conozco mucho de estrellas rutilantes italianas del cine libre de ropas). Y con respecto a los efectos especiales, no son efectos ni especiales. La banda de sonido es paupérrima y el argumento es para deprimirse, ¡qué quieren que les diga! Esta película es un atentado a nuestra salud mental. 
Por favor les pido: huyan despavoridos.







Borat Subsequent Moviefilm (2020)

Este muchacho inglés, Sacha Baron Cohen, no trae medias tintas: o gusta o disgusta; o es blanco o es negro; tiene seguidores o detractores.

Cohen no está entre mis preferidos, pero reconozco que me divierte muchísimo.

Pasaron unos cuantos años de la primer Borat (2006) y se notan.
Cohen está menos borde ( la primer Borat sí que fue un baldazo de agua fría al buen gusto ) Cohen está menos provocador y mas armonioso y sincronizado con sus partenaires ( cosa que no pasaba en la primera. Y ya que estoy, gran trabajo de la chica búlgara Maria Bakalova que hace de su hija ); Cohen escribió el guión con un grupo de colaboradores que le inflaron al argumento un ritmo mucho mas sostenido, coherente y con momentos francamente desopilantes. Cohen es un señor maduro que a estas alturas tiene una muy abultada cuenta bancaria y prestigio como actor dramático.
En resumen: Cohen es Borat. Pero Borat ya no es mas Cohen. Por fin este gran actor ( porque la verdad Cohen es un gran actor ) ha logrado desprenderse del personaje.

Para el que no vio la nueva Borat ( este es el título completo y copiado y pegado: Borat Subsequent Moviefilm: Delivery of Prodigious Bribe to American Regime for Make Benefit Once Glorious Nation of Kazakhstan ) no desearía ahondar en el argumento... pero un poco lo haré: Borat tiene una hija adolescente que gusta de la carne de monos - sobre todo si son ministros de cultura de Kazajstán ofrecidos como regalo al presidente del país mas poderoso del mundo-; Borat estuvo 14 años haciendo trabajos forzados por sus blasfemias pasadas y hacer que el país Kazajstán sea un hazmerreír; Borat es el agente propagador de la actual pandemia ( y la idea no parece tan, tan loca después de todo ); Borat hace que un abogado muy notorio y amigo del presidente de usa tenga una erección ( filmada y documentada ); Borat logra empatizar con racistas, xenófobos o la alta sociedad yanki con resultados hilarantes. 
Y Borat es Borat. Y Cohen es Borat, pero como ya dije más arriba, Borat no es Cohen. 



Nomadland (2020)

Bien entrado el siglo XXI somos testigos de un fenómeno que ha crecido en casi todo el mundo occidental: personas que viven en sus coches, camionetas, casas rodantes o pequeños utilitarios. Son los neo nómades, itinerantes, trotamundos, errantes, trashumantes y migrantes que sobreviven con lo mínimo, suelen trabajar en empleos precarios y estacionales y circulan por el país en caravana, en pareja, o solos.
Todos ellos son neo viajeros del siglo XXI que conocieron mejores épocas pero que en la vejez se encuentran en la difícil situación de no poder hacer frente a tener una casa, comodidades y un ingreso digno. 
Ya dije que este fenómeno existe en muchos países occidentales y muchos profesionales universitarios le han dedicado ensayos y análisis periodísticos. Pero quizás quién ha sabido zambullirse como nadie en esta subcultura fue la periodista e investigadora estadounidense Jessica Bruder que hizo un seguimiento de inmersión (mutando ella misma a ser nómade) y recopiló muchísima información e historias de estas personas que enfrentan el día a día con amor, esperanza y mucha dignidad. Y de toda esa fuerza, belleza, intercambio y serenidad que compartieron Jessica y sus amigos nómadas nació el libro de no ficción Nomadland.

Primero fue el libro, en 2017; y luego vino la adaptación cinematográfica en 2020. Y no sé cuál es mejor, si la no ficción de Jessica Bruder (magistral, una verdadera clase de periodismo de inmersión) o la exquisita película de Chloé Zao (quien escribió el guión, dirigió y produjo el film). Un film que es majestuoso, bellísimo, calmo, relajado; y lo que es mejor, un fenomenal círculo de no actores (casi todos ellos amigos de Jessica Bruder) y nómades reales acunaron a un personaje ficcional compuesto por Frances McDormand mientras la pantalla los une y los amansa. McDormand ganó un Oscar por su actuación, y también otro Oscar por ser una de las productoras de la película.

Pero también he de decir que no todo espectador se sentirá cómodo por la forma y manera de encarar los temas y las técnicas de filmación de Chloé Zao: guiones mínimos, planos largos y en barrido lento, trabajar con gente común que no sabe actuar. Todo ello es un combo que no todo el mundo está dispuesto a digerir. Escuché y leí muchas críticas de la películas: los que la aman, los indiferentes y los que la odian. Pero lo que sí, a nadie ha dejado indiferente.






John Cage 4´33´´

Cuando en 1952 el compositor y teórico musical John Cage se amaneció con esta composición de silencios, que dura exactamente 4 minutos con 33 segundos (divididos en tres movimientos), muchos colegas, público y asistentes pensaron que se había vuelto loco. Pues la composición no tenía música que sonara, y los músicos intervinientes no ejecutaban ninguna composición sonora. Los 4 minutos 33 segundos eran de silencio, pero un silencio poblado de otros sonidos que no eran emitidos por los instrumentos. Y esa fue y es, precisamente, la teoría de Cage: el silencio absoluto no existe en la vida cotidiana, ya que los sonidos de ambiente o naturales, por más tenues que sean, existen y son más notables y distinguibles que la música en sí.
Cage y su 4´33´´ ha tenido toneladas de interpretaciones, ensayos, análisis y polémicas entre teóricos, y cada cual ha tratado de dar su opinión al respecto. Algunos han apoyado fervientemente los análisis y experimentos con silencios de Cage, otros lo han tildado de parlanchín. 

Desde el punto de vista musical, Cage mantuvo que el silencio no era la mera ausencia de sonido sino la reinterpretación de esa supuesta ausencia desde la subjetividad y el sentir de cada uno. Ejemplo: para muchos, el murmullo de las hojas embarulladas en otoño es música; para otros, es un ruido insignificante. Además, Cage sostenía que los sonidos ambiente donde se ejecuta música son parte de las composiciones y constituyen una performance, y que la aparente ausencia de sonido y el silencio se retroalimentan y embellecen, dando lugar a verdaderas creaciones artísticas en las que lo mínimo y sutil es emponderado y elevado a composición musical.
Yo estoy de acuerdo, ¿y ustedes?


Imagen bajo licencia de Wikimedia Commons





¿K Pax (2001) es un plagio bien hecho de Hombre mirando al Sudeste (1986)?

Seré breve y ya les doy la respuesta: sí. K Pax (2001) es un plagio de la película de Eliseo Subiela Hombre mirando al Sudeste (1986). Pero en este caso, la culpa no ha sido del chancho sino de quién le dio de comer.

Los pongo en contexto. El director argentino Eliseo Subiela filma y escribe el guión de Hombre mirando al Sudeste (estrenada en 1987) en la que un señor es ingresado a un psiquiátrico porque dice que viene de otro planeta. En 2001, se estrena K Pax, en la que un señor (Kevin Spacey) es ingresado a un psiquiátrico porque dice que viene de otro planeta. Y las coincidencias no terminan ahí, las hay para todos los gustos, colores e ideas. Pero la culpa del plagio de la película K Pax no la tiene ni el director, ni los productores, ni los actores. La culpa es del autor de las sagas de ciencia ficción en las que se basa el film yanki, que nunca jamás admitió que Hombre mirando al Sudeste fue su inspiración para la creación de sus novelas K Pax. Y lo que es peor, este señor vendió los derechos de K Pax para se sea llevada a la pantalla grande en Estados Unidos.

Subiela, ante tamaño desparpajo, no se quedó de brazos cruzados: inició una batalla legal para que el plagio quedase expuesto. Pero lamentablemente, Subiela tuvo que dar marcha atrás con su intención ya que no pudo solventar los costos de pagar abogados en Estados Unidos. Y así, otra injusticia ha quedado desenmascarada, pero las consecuencias son nulas. 

Más de una vez habrán leído que aquí y allá se descubren plagios o robos de obra publicada, filmada o musical. Y muchas veces, lamentablemente, quienes son los legítimos dueños de esos derechos deben desistir de presentarse a la justicia para reclamar lo que es justo porque no poseen espalda sólida económica que los ampare para costear el pago de ayuda legal.

Lo lamento por Subiela, que falleció sin que se le reconociera la inspiración e influencia que ejerció en la saga de novelas K Pax y la película homónima.